Cómo hacer pequeños negocios en Facebook

Los ejemplos de personas que dan salida a productos artesanales o de segunda mano en Facebook contrasta con el fracaso de las grandes tiendas que intentaron convertir la red social en centro comercial

ES | 31/08/2012 – 07:30h

SERGI SILENDONES

Cómo hacer pequeños negocios en Facebook

La tienda también debe participar de la vida social en la red

Marta Matencio y Saskia Miró necesitaban dinero. Justo se acababan de mudar y la ingente cantidad de ropa que entre las dos sumaban había salido a la luz. ¿Y si la vendían? Sí, esa podría ser una buena solución. La siguiente pregunta que surgió fue: ¿cómo lo hacemos? Y la respuesta llegó aquella misma tarde: probemos de venderla por Facebook. Las dos jóvenes de Vilanova i la Geltrú (ambas nacidas en 1986) se colocaron frente al ordenador y, con la sencillez que caracteriza a la plataforma de Mark Zuckerberg, abrieron una nueva cuenta bajo el nombre de marca Luna de Marte. Nadie podía imaginar que, gracias a aquel paso, dos años más tarde iban a poder vivir de la venta de ropa y complementos de segunda mano en Facebook. La historia de Luna de Marte no es un caso aislado. Aunque no todos pueden vivir de ello, muchos son los que se animan a probarlo.

La barcelonesa Patricia Sevillano (1986) lleva mucho tiempo haciéndose sus propios collares. Era algo que hacía para ella, hasta que se dio cuenta de que a la gente le gustaban y decidió abrir una cuenta en Facebook en mayo del 2010 y empezar a subir fotografías de sus pequeñas obras artesanales: así nació Srta. Bolitas, que hoy cuenta con más de 2.600 amistades a las que vender la bisutería que hace en su tiempo libre. De forma parecida surgió el pasado mes de febrero Cintas Fantásticas. Catherina Shaw (1976) –de origen inglés, residente en Castelldefels– siempre ha sido aficionada a hacer sus propios lazos, pero descubrió que en España había poca oferta para conseguir cintas, y las que encontraba eran muy caras. Así que empezó a traer cintas de Inglaterra y de Estados Unidos. Al principio se las vendía a amigas que, como ella, son aficionadas a las manualidades. Después probó con Facebook y en menos de dos meses había llegado a las 1.000 amistades. A estas alturas ya ha superado los 2.000 amigos. No sale de su asombro.

Otro ejemplo es el de Javier Parra (1983), granadino afincado en Barcelona, quien puso en marcha Vintage y Más el pasado mes de noviembre junto con dos compañeras. Todo empezó porque querían vender la ropa que no usaban por internet, y cuando se lo explicaron a sus conocidos descubrieron que a ellos también les interesaba. Así que decidieron encargarse de vender la ropa de sus amigos y llevarse un porcentaje. Hoy compran lo que la gente no usa y lo venden en su página de Facebook. Un camino distinto siguió Anita Singers para llegar a establecer su pequeño negocio en la red social. Ana (1982) es una mujer colombiana especializada en alta moda. Llevaba siete años trabajando en Madrid cuando empezó a diseñar vestidos inspirados en los años 50 junto con una compañera. Se metieron en Facebook para colgar las fotografías de lo que hacían, sin otra finalidad que compartirlo. Pero el movimiento que generó la experiencia fue tal que Ana se animó a crear, ya en solitario, la marca Anita Singers en marzo del 2011. Gracias a esta cuenta en Facebook consigue una media de cinco encargos al mes para diseñar vestidos a medida. Tiene más de 3.300 amistades. Es cierto que las cifras siempre son relativas, y más en comparación con grandes entidades o marcas, pero lo que no es relativo es que estas pequeñas iniciativas han conectado con los usuarios. Vender en Facebook es una realidad, y una posibilidad para cualquier ciudadano anónimo.

Por qué empezar a vender a través de Facebook Las integrantes de Luna de Marte aseguran que optaron por empezar a vender ropa de segunda mano de estilo vintage a través de la red social porque les resultaba la opción más fácil y asequible para alguien que empieza. “Era una plataforma que usábamos, que conocíamos, y nos iba muy bien porque nos permitía adaptar el tiempo invertido a nuestros horarios”. Otro factor que destacan es la capacidad de tener un contacto directo con el cliente, basado en la interacción y el intercambio de mensajes y opiniones constante. “Llegas a la gente –explican–, te metes en su casa, en su vida, y les ofreces algo que les gusta. Y no hace falta que entren en tu cuenta para ver el producto, no hace falta que vayan a buscarte, les llega y lo tienen al alcance al momento. Es algo muy tentador”. El motivo de esta afirmación es que cada vez que un usuario se convierte en amigo de una de estas tiendas en Facebook, todas aquellas acciones que haga la tienda (publicar en el Muro –­ahora Biografía–, subir fotografías…) aparecerán en la página de inicio del usuario de forma automática. “En un blog o en una tienda on line convencional la gente tendría que entrar para ver el producto –compara Patricia Sevillano–. Aquí, aunque no lo quieran, van a acabar viéndolo”. Otras de las ventajas que destaca la creadora y única integrante de Srta. Bolitas es la de darse a conocer de forma fácil y rápida: “Agregas a tus amigos y conocidos, y la gente va sumándose: de un amigo a otro, amigos en común… ¡Funciona!”. Las razones de Anita Singers no contradicen a las del resto: “Te evitas las complicaciones de abrir una tienda y constituirte como empresa, lo gestionas todo desde tu casa y obtienes actividad constante y respuestas inmediatas”. Pero pese a todas las ventajas que ofrece Facebook, para todas estos negocios la página web propia es el siguiente paso, porque cuando el volumen de ventas sube, gestionar el funcionamiento de una tienda en la red social cuesta. Una web propia facilitaría dicha gestión, e incluso daría la posibilidad a la marca de abrirse con más fuerza internacionalmente, un objetivo que Luna de Marte tiene en mente. Y es que varias de estas iniciativas han conseguido, no sólo vender en todo el país, sino también fuera.

¿Cómo lo hacen? Es cierto que no hay una sola fórmula para vender en Facebook, y menos cuando hablamos de iniciativas que han surgido de manera espontánea, la mayoría de ellas ignorando aplicaciones o herramientas pensadas para la venta, usando una simple cuenta de usuario y actuando como tal. Pero al final todas ellas acaban por parecerse entre sí por el simple hecho de compartir una misma plataforma. A grandes rasgos, la técnica que comparten Luna de Marte, Srta. Bolitas y Cintas Fantásticas se basa en el siguiente procedimiento: la amistad-cliente reserva aquello que quiere, ellas le dan un número de cuenta corriente dónde hacer el ingreso de la cantidad acordada (incluyendo gastos de envío por valor de 3 euros aproximadamente) y, una vez hecho el ingreso, se envía el pedido por correo certificado a la dirección de la amistad-cliente.

Uno de los puntos discordantes de esta técnica es la forma de llevar a cabo la reserva del producto. Por ejemplo: Luna de Marte vende ropa de segunda mano recogida de distintos sitios –lugares que no desean desvelar del todo, aunque se intuyen mercados y viajes por Europa–, por lo cual sólo poseen un ejemplar de cada prenda. Esto puede generar conflictos sobre quién es la primera amistad-cliente que ha hecho la reserva si no se define muy bien cómo hay que proceder. “A raíz de una pelea entre dos clientas decidimos que las reservas se debían hacer por mensaje privado –cuentan Marta y Saskia–, y no comentando la foto de la prenda como solía hacer la gente de forma intuitiva”. En el caso de Cintas Fantásticas la cosa va un poco diferente: “Las clientes piden los metros que necesitan con un comentario en la foto y entonces yo les envío un mensaje privado con los precios”, explica Catherina Shaw, precios que suelen ser bajos, ya que esa es una de las claves de estos pequeños negocios en red. Algo de lo que Anita Singers se desmarca un poco, elaborando vestidos hechos a medida de estética años 50 que rondan los 300 euros. Piezas únicas que requieren la total implicación de la amistad-cliente. “Si la cliente vive en Madrid, quedamos a través de Facebook para tomar las medidas y escoger tejido y color –explica Ana–. Si no, les hago llegar una ficha de medidas y escogen lo que quieren en base a lo que ven en mi cuenta”. Sea como sea, la red social siempre ayuda a dar el primer paso.

Y yo, ¿cómo lo hago? Empezar a vender en Facebook no tiene grandes secretos, aunque, como todo en la vida, requiere de dedicación e ilusión para salir adelante. El primer paso que debe hacerse es, lógicamente, abrir una nueva cuenta en la red social. El nombre que se le dará es importante, como en cualquier marca, así como la foto de perfil, que en este caso equivaldría al logotipo. El segundo paso es subir buenas fotografías de los productos que se van a vender. Aquí la imagen es el producto, por lo que la imagen es medio negocio. ¿El tercer paso? Conseguir amistades-clientes. Los primeros amigos son los amigos de verdad, y los conocidos. A partir de ahí, el boca a boca y la naturaleza viral de la red hacen el resto. Aunque siempre se puede animar con ciertas acciones. En sus inicios, Luna de Marte incluía tarjetas en sus pedidos y regalaba bolsos de tela con su logotipo por ventas mayores a 30 euros, por ejemplo. El cuarto paso es ofrecer producto con periodicidad, de forma que las amistades-clientes vean que la actividad y la oferta es estable. Srta. Bolitas y Luna de Marte trabajan con colecciones. La primera sube una colección cada tres o cuatro meses, algunas con motivos como Navidad o San Valentín. Luna de Marte, en cambio, es más activa y sube una colección casi cada semana con veinte prendas. “Nunca se acaba todo –cuentan Marta y Saskia–, pero con los restos de las colecciones hacemos rebajas cada uno o dos meses”.

El quinto y último paso es el de la implicación. Hay que mantener viva la cuenta, convertirla en una extensión de la personalidad de la marca, pues eso es lo que es Facebook, una extensión de los gustos de sus usuarios. Para vender no es suficiente con subir fotos de productos, como tienda también hay que participar de la vida social en la red, compartir música, vídeos y gustos. Un negocio 2.0 dialoga con los usuarios, forma parte de la comunidad. Por ello atender con amabilidad a las amistades-clientes es clave, así como entender que estas pueden preguntar por la vida privada del vendedor. Porque no se trata de un vendedor usual: es un vendedor-amistad. Por eso confían en él.

El valor de lo cercano

La venta en Facebook no es novedad, apareció hace más de año y medio bajo el nombre de F-Commerce. Múltiples aplicaciones aparecieron por aquel entonces, aplicaciones que convertían una cuenta en una tienda, y grandes empresas norteamericanas quisieron aprovecharse delpotencial de la red social (más de 900 millones de usuarios en todo el mundo) y convertirla en centro comercial. La cosa no funcionó como esperaban y a principios de este año las noticias acerca de los cierres de tiendas en Facebook empezaron a circular por internet: marcas de ropa como Gap, cadenas como JC Penney o Nordstrom o la tienda de videojuegos GameStop habían decidido poner fin a su experiencia al no haber conseguido convertir ni seguidores ni usuarios en beneficios. ¿Las razones? Quizá no habían entendido la naturaleza de un organismo tan vivo como Facebook. Algo que parece que sí entienden, puede que de forma inconsciente, ciudadanos que se sirven de la plataforma para vender sus productos artesanales o de segunda mano. Para José Luis Zimmermann, director general de la Asociación Española de la Economía Digital, la clave es “acercarse de manera adecuada a la conversación que se produce en la red social”. A lo que añade: “Pese al posible fracaso de grandes marcas, no cabe duda de que Facebook es una herramienta que puede dar salida a un producto y ampliar su mercado, sobre todo en iniciativas de menor magnitud, e incluso pequeñas y medianas empresas”.

Fuente: Cómo hacer pequeños negocios en Facebook. LA VANGUARDIA

Dietas: el cuento de nunca acabar

La batalla contra los kilos puede ser un infierno, una condena de por vida, aunque sólo si nos empeñamos en creer en milagros. Perder peso no es tarea fácil, pero tenemos las de ganar siempre que la dieta sea el inicio de una nueva vida

ES | 31/08/2012 – 08:34h

Dietas: el cuento de nunca acabar

Las dietas milagro muy pocas veces son eficaces

CARMEN GRASA

Atisbamos el verano en el horizonte. O empieza septiembre y en la tripa aún dan vueltas los pinchos, las cervezas, los helados, los aperitivos. O hemos convertido las Navidades en una comilona sinfín. O hemos dejado de fumar. O estamos estresados. Las circunstancias son variadas, pero el resultado, el mismo. Nos hemos puesto encima dos, tres, cinco, hasta diez kilos en un año. Y vamos por la vida cargando con ellos, como si cada día al salir de casa nos pusiéramos en la espalda una mochila que pesa exactamente esa cantidad; más lo que nos abruma el tener que acarrear con ella. Porque al sobrepeso que nos marca esa báscula cruel (las hay hasta con voz), se unen el abatimiento al comprobar que la ropa ya no nos sienta bien o el miedo cuando la tensión arterial ha subido peligrosamente o los triglicéridos se han desmadrado dentro de nuestro cuerpo. Entonces tomamos la decisión: nos ponemos a dieta, a plan, a régimen. Y estamos dispuestos a cualquier cosa, a tenor de algunos estudios que indican que 8 de cada 10 personas que quieren perder peso acuden a las dietas milagro, métodos que prometen resultados rápidos y que muy pocas veces son eficaces, como no se cansan de subrayar los expertos. “La pérdida de peso se debe realizar de una forma equilibrada, reduciendo el número total de calorías, pero sin renunciar a ningún nutriente. No sirve de nada portarnos bien durante unos días o semanas si luego retomamos los hábitos que previamente nos llevaron a engordar. Perder peso requiere cierto grado de sacrificio y constancia. Por este motivo cualquier dieta que nos prometa rapidez, una pérdida de peso sin esfuerzo y duración, va a ser seguida por muchas personas. Y en función de lo desequilibrada, rocambolesca o estricta que sea, los perjuicios para la salud van a ser proporcionalmente mayores”, destaca Albert Lecube, médico endocrino y coordinador del grupo de trabajo de obesidad de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

Sobrepeso preocupante Adelgazar siempre es una tarea urgente que, como los malos estudiantes, acometemos al final, cuando el sentimiento de culpa por los excesos gastronómicos nos aturde. Y hasta nos apuntamos al gimnasio, donde las matriculaciones aumentan en un 30% tras el verano o las Navidades. Clicamos “dieta” en Google y nos aparecen 134 millones de entradas. Buscamos la pócima milagrosa, pero también encontramos un aviso de la OMS (Organización Mundial de la Salud): la obesidad y el sobrepeso se han convertido en los países desarrollados en una pandemia no infecciosa. El 50% de la población de la OCDE padece sobrepeso. Y en España, el 63% de los hombres y el 45% de las mujeres están por encima del peso recomendado. Todo ello sin olvidar a los niños, que han disparado todas las alarmas: el 33% de ellos pesa más de lo que debería y la obesidad infanto-juvenil se ha duplicado en los últimos 15 años. Alertados por las cifras, muchos países han puesto el foco de atención en la comidabasura, siguiendo el consejo de un grupo de expertos de la Universidad de Oxford que recomienda un impuesto especial para ella del 20%. Dinamarca ha gravado la grasa; Hungría, el fast food; Francia, las bebidas azucaradas; el alcalde de Nueva York quiere prohibir la venta de refrescos de más de medio litro; en las cadenas televisivas de Disney ya no se anunciará la comida basura (paradójicamente, en sus parques temáticos se seguirá vendiendo). Son medidas que, por preocupación sincera o por puro marketing, quieren poner freno a los desmanes calóricos. “Sin olvidar que siempre es mucho mejor enseñar que prohibir, es probable que en los próximos años se deba optar por medidas de este tipo, tal como se ha realizado con el tabaco. Debe tenerse bien claro que la obesidad es la segunda causa prevenible de mortalidad después del tabaco”, describe Albert Lecube. Los expertos también advierten, sin embargo, que hay que facilitar el acceso a la comida sana, quizá subvencionarla, promover el ejercicio desde la escuela, educar en los hábitos alimentarios, obligar a que las raciones de comida que se venden sean más pequeñas, ofrecer productos sanos en las máquinas expendedoras de tentempiés…, porque “no hay duda de que siempre puede hacerse más y, de momento, la lucha contra el incremento de la obesidad la estamos perdiendo todos”, en opinión del endocrino.

Sentenciados por mal educados Los kilos de más no son sólo un problema estético. Nuestra salud está en juego. También cuando decidimos perderlos. Aunque se ha demostrado que podemos engordar debido a condicionantes genéticos (en el 35% o 40% de las ocasiones se debe a ello), la mayoría de nosotros ganamos peso porque comemos demasiado: ingerimos un exceso de energía que no utilizamos y acaba por acumularse en nuestro cuerpo en forma de grasa. En estos casos influyen en nosotros factores que podemos modificar. Tener sobrepeso es sinónimo de hacer poco ejercicio, de comer demasiado o mal (o ambas cosas a la vez), de picotear, de vivir en un entorno en el que la presencia de la comida basura empequeñece a la sana, de desarrollar una actividad laboral que favorece las comidas fuera de casa, de lanzarnos sobre raciones tradicionalmente grandes. Y cuando decidimos que ha llegado el día D, la hora H, y ponemos en marcha la operación biquini, sea cual sea el momento, no podemos arriesgarnos a que la vitalidad se nos escape a golpe de lechuga, agua y poco más, porque “una persona tiene que adelgazar manteniéndose bien nutrida, por lo tanto necesita hidratos, un poco de grasa… Debe eliminar de su dieta todo aquello que es superfluo, que no le aporta nada. Y, sobre todo, hacer ejercicio. No puede desligarse el comer del ejercicio, porque por poco que comas, si no te mueves no gastas la energía, la acumulas”, advierte Cleofé Pérez-Portabella, dietista nutricionista, supervisora de la unidad de nutrición del hospital Vall d’Hebron de Barcelona y profesora de la Universitat de Vic.

Hacer dieta se convierte en la mayoría de los casos en una condena a cadena perpetua. Estamos sentenciados a engordar, adelgazar, engordar, adelgazar. Nosotros y nuestros kilos de más vivimos como en un bucle, incapaces de mantener el tipo. ¿La causa? En opinión de los expertos, no llegamos al quid de la cuestión: la educación. Las urgencias nos vencen, nos cuesta abandonar los malos hábitos. “Perder peso es muy difícil. Si una persona hace dieta y cuando llega a su peso va a volver a comer sin cambiar sus hábitos no le servirá de nada. Es necesario que haga una dieta tradicional, saludable, equilibrada, que le permita cambiar sus hábitos. Y eso es un esfuerzo enorme, de adaptación de tu vida cotidiana a la manera de comer y al ejercicio que realices”, expone la dietista del hospital Vall d’Hebron de Barcelona.
El método perfecto ¿Qué hacer para que la dieta no se convierta en una tortura sinfín? Encontrar la ideal. Y no es imposible. El régimen perfecto nos tiene que ayudar a perder peso, a mantener ese peso en el tiempo, debe ser eficaz a la hora de educarnos y darnos estrategias para comer sano y bien, mejorar nuestra salud, aumentar la autoestima y proporcionarnos una buena calidad de vida. De otro modo, por mucho que nos empeñemos, nunca lo lograremos, viviremos nuestra cadena perpetua particular saltando de método en método, poniendo en peligro nuestra salud física y psíquica. Los especialistas aconsejan dejarse guiar por manos expertas, porque “cada persona tiene sus circunstancias. Un buen profesional enseña a comer. Hay que conocer al paciente, saber su historia clínica y su historia social. Es importante saber cómo y cuándo come, cuáles son sus hábitos. Y eso pasa también por evaluar sus costumbres, sus horarios, sus recorridos. Hay hábitos que se pueden modificar, pero el objetivo central es que la persona sea capaz de tener estrategias suficientes para vivir agradablemente, disfrutar de la vida y no ganar peso. Esto es lo perfecto. ¿Difícil? Muy difícil”, afirma Pérez-Portabella. Sin embargo, a pesar de las dificultades y de que nos puede llevar un tiempo prolongado, una dieta tradicional es la más eficaz, en opinión de los expertos. Apostar por una, o muchas sucesivas, que sean inadecuadas entraña riesgos: desde volver a coger los kilos perdidos y algunos más, hasta desnutrición, problemas cardiovasculares, de trastornos en la alimentación, frustración, y cambios en el metabolismo que conducen a ser resistentes a la pérdida de peso.

Menos calorías y más ejercicio Buenas dietas hay muchas. Malas, también. La mejor está consensuada por los especialistas: la tradicional hipocalórica equilibrada. Es decir, comer de todo pero menos. Con ella ingerimos entre 1.000 y 1.500 calorías la mujeres y hasta 2.000 los hombres. Perderemos entre medio kilo y un kilo a la semana. ¡Entre 12 y 24 kilos a los seis meses! En medio año, adiós al sobrepeso y a los problemas. Y medio año pasa volando. Además, nos habremos acostumbrado a comer bien y de todo, a disminuir nuestras raciones y a no tener que privarnos de algún capricho de vez en cuando. En esta dieta no debe faltar de nada: ni hidratos de carbono, ni proteínas, ni grasa, ni fibra, ni ácidos grasos esenciales. “La dieta ideal es aquella en la que se come de todo y poco, en la que no se abusa ni de grasas, ni de alcohol, ni de azúcares. No soy partidaria de las negativas tajantes sobre alimentos prohibidos, porque las estrategias que se pueden seguir son tan variadas como los pacientes. Lo ideal es una dieta variada, lo más equilibrada posible, en pocas cantidades, que la persona no exceda sus necesidades y que realice, también, un gasto energético”, insiste Pérez-Portabella.

Y es que el ejercicio es fundamental para que la dieta funcione. Si gastamos energía metabolizamos óptimamente lo que comemos y eso significa que quemamos más y mejor. Una hora de ejercicio al día, como mínimo, resulta muy eficaz, porque a partir de la media hora de esfuerzo físico es cuando empezamos a quemar la energía que nos sobra. Sin embargo, si hacer dieta nos cuesta un esfuerzo, el ejercicio no acaba de encontrar su sitio en nuestro día a día. El Eurobarómetro de 2010 ponía de relieve que el 42% de los españoles no practica deporte nunca y que un 39% lo realiza sólo una vez a la semana. Aducimos que nos falta tiempo. Según la Asociación Española de Pediatría, entre los adolescentes es peor: menos de un 10% de ellos hace deporte habitualmente. Los jóvenes españoles entre 13 y 18 años son de los más sedentarios de Europa.

Esperando un milagro Batidos, galletas, barritas, proteínas casi en vena… de todo hay en la viña de las dietas. Y no es que todo sea perjudicial. De hecho, en muchos hospitales se utilizan los sustitutivos de las comidas o las dietas hiperproteicas para iniciar los tratamientos, porque perder peso es complicado y ayudan a coger impulso. Sin embargo, y aunque pueden ser un buen punto de partida, “no se deben usar sin que nadie te controle. Nosotros mismos utilizamos estos batidos y sustitutivos en momentos determinados, con sentido común y haciendo un seguimiento del paciente. Incluso la dieta hiperproteica se puede hacer, pero nunca, nunca, solo, sin un profesional que te controle”, confirma Pérez-Portabella. Además, son dietas que no se pueden seguir mucho tiempo. “El peligro de las dietas milagro aumenta con el tiempo durante el que se realizan, y aumenta también en personas que tienen alguna otra enfermedad previa. No hay que olvidar que el sobrepeso y la obesidad se asocian con una mayor prevalencia de diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares… Las dietas milagro sólo ofrecen promesas que no suelen cumplirse y a un precio que puede ser elevado no sólo para el bolsillo, sino también para la salud”, avisa Albert Lecube.

Una dieta vegetariana bien hecha, alejada de las modas y a ser posible que combine verduras y pescado, es perfecta para combatir el sobrepeso y algunas patologías. La mediterránea es excelente si comemos de todo y poco. La hipocalórica extrema, que nos aporta entre 450 y 800 calorías al día, es casi un suicidio, alertan los especialistas. Y los métodos más tecnológicos, como balones gástricos o sondas para alimentarnos durante unos días, siembran dudas o provocan el rechazo de un buen número de médicos. “El balón intragástrico es una técnica contrastada que consigue que las personas que lo llevan pierdan peso, pero un gran número de pacientes lo recupera en su totalidad en los seis meses siguientes a no ser que haya modificado sus hábitos de vida”, explica Lecube. Y añade: “La dieta enteral, o de la mochila (te alimentas durante una semana con líquidos a través de una sonda que se coloca por la nariz y llega hasta el estómago o el inicio del intestino) es una técnica sin ninguna evidencia científica, de la que se desconocen las complicaciones y que se debe considerar una aberración”. En el universo de las miles de dietas que van de boca en boca, de web en web, de chat en chat, los expertos recomiendan alejarse de todo aquello que no esté controlado ni por especialistas en nutrición ni por los organismos médico-científicos. “Están prohibidas las cosas que no están registradas, que no sabemos qué son. Dietas hay muchas; milagros, ninguno”, apostilla como conclusión Pérez-Portabella. Y si seguimos apostando por ellos, la dieta sí se convierte en una condena a cadena perpetua.

Calcule su índice de masa corporal

El índice Quetelet o índice de masa corporal (IMC) nos permite calcular el grado de sobrepeso. Basta con dividir nuestro peso en kilogramos entre nuestra altura en metros al cuadrado. Si pesamos 62 kilos y medimos 1,70 tendríamos que dividir 62 entre (1,70)2. El resultado sería 21,4. Los expertos han consensuado que un IMC por debajo de 18,5 indica un peso bajo. Entre 18,5 y 24,9 supone un peso normal. De 25,0 a 29,9 tenemos sobrepeso. Y por encima de 30 padecemos obesidad. Superar el 40 es un reflejo de obesidad mórbida.

Fuente: Dietas: el cuento de nunca acabar.

6 maneras de mejorar tu capacidad para resolver problemas

Publicado el 4 septiembre 2012 por 

resolver problemas

¿Alguna vez has pensado en ti mismo como un solucionador de problemas? Supongo que no. Pero en realidad estamos constantemente resolviendo problemas. Y cuando mejor seamos en eso más fácil será nuestra vida.

Los problemas se presentan de muchas maneras y formas. Pueden ser problemas mundanos de la vida diaria:

• ¿Qué voy a hacer de cenar esta noche?
• ¿Qué ruta tomo para ir al trabajo?

O pueden ser problemas más complejos;

• ¿Cómo arreglo un proyecto que está atrasado?
• ¿Cómo cambio de un trabajo aburrido a algo que realmente me apasione?

Cada día tendrás que enfrentarte con al menos un problema a resolver. Pero esto se volverá cada vez más fácil cuando te des cuenta de que los problemas son simplemente opciones. No tienes que tener nada de “aprensión” sobre ellos aparte de tener simplemente que tomar una decisión.

No importa cuál sea tu trabajo, ni en dónde vivas, ni quién sea tu socio, ni cuántos amigos tengas, tú serás juzgado por tu capacidad para resolver problemas. Esto es motivado a que los problemas molestan a todas las personas por igual. Y a la gente no les gusta ser molestadas. Así que cuantos más problemas puedas resolver menos molestia habla alrededor y las personas estarán más felices contigo. Todo el mundo gana.

Entonces ¿Qué puedes hacer para mejorar tu capacidad de resolver problemas?

1. Concéntrate en la solución y no en el problema

Los neurocientíficos han demostrado que el cerebro no puede encontrar soluciones si esta concentrado en el problema. Esto es porque cuando te centras en el problema estás efectivamente alimentando “negatividad” que a su vez activa las emociones negativas en el cerebro. Estas emociones bloquean todas las posibles soluciones. No estoy diciendo en ningún momento que debes “pasar por alto el problema” en su lugar trata de mantener la calma. Esto ayudara a que entiendas primero el problema y luego a mover tu foco a una mentalidad orientada a las soluciones donde encontraras las “respuestas” de lo que buscas en lugar de quedarte pensando en “lo que salió mal” y en “de quién es la culpa”.

2. Ten una mente abierta

Trata de considerar “todas las posibles soluciones” aunque parezcan ridículas al principio. Es importante que mantengas una mente abierta para así impulsar elpensamiento creativo con el cual podrás desencadenar posibles soluciones. Cualquier persona que venga de la industria de la publicidad corporativa te dirá que “Ninguna idea es una mala idea” y ese pensamiento creativo realmente te ayudara a tener una lluvia de ideas (Brainstorms en inglés) y en otras técnicas de resolución de problemas. Hagas lo que hagas – no te ridiculices a ti mismo – por dar con “soluciones estúpidas”, ya que a menudo las ideas locas desencadenan otras soluciones más viables.

3. Ve los problemas de forma neutral

No tengas “miedo” a los problemas. Si lo piensas bien ¿Qué es un problema? Eso es sólo un asunto determinado sobre tu situación actual. Todo lo que el problema te está diciendo es que algo no está funcionando y que es necesario que encuentres una forma de arreglarlo. Así que trata de abordar los problemas de forma neutral – sin ningún juicio. Si te quedas atrapado en la etiqueta “problema” esto puede desencadenar una serie de pensamientos negativos y un bloqueo de las posibles soluciones que puedas conseguir.

4. Piensa de forma horizontal

Cambia la “dirección” de tus pensamientos pensando lateralmente (es.wikipedia.org/wiki/Pensamiento_lateral). Presta atención al siguiente acertijo: “Una persona yace muerta en un campo, a su lado hay un paquete sin abrir y no hay nadie más en el campo. Conforme se acercaba la persona al lugar donde se le encontró muerta, sabía que irremediablemente moriría. ¿Cómo murió?” Trata de conseguir la respuesta cambiando tu enfoque y mirando las cosas de una nueva manera. Trata de moverte alrededor de tu objetivo y busca una solución desde el polo opuesto. Incluso aunque te sientas tonto, un enfoque fresco y único suele estimular una solución nueva.

5. Usa el lenguaje para crear la posibilidad

Lleva a tu pensamiento frases como “y si…” o “imagina si…” Estos términos abren nuestros cerebros para pensar de forma creativa y fomentar soluciones. Evita el lenguaje cerrado y negativo tal como “yo no creo que…” o “Esto no está bien pero…”.

6. Simplifica las cosas

Como seres humanos tenemos una tendencia a hacer las cosas más complicadas de lo que necesitan ser. Trata de simplificar el problema generalizando la misma. Retira todos los detalles y vuelve a lo básico. Trata de buscar un proceso más sencillo, la solución obvia – ¡tú puedes sorprenderte por los resultados! Y todos sabemos que a menudo las cosas simples son las más productivas.

Fuente: 6 maneras de mejorar tu capacidad para resolver problemas.

Se amputa el brazo para cobrar 600 mil euros de seguro

VVRG – Globovisión/El País de España
02/09/2012 2:29:04 p.m.
Josep María Vilamajò lleva 40 años en el oficio de investigador privado y ya hay pocas cosas que le sorprendan, pero el caso que a continuación detalla le dejó perplejo. Hace un año, una compañía de seguros le encargó el caso de un hombre que había perdido un brazo en un accidente de coche; aludía que se había cortado con la sierra mecánica que transportaba. Resolverlo no fue demasiado complicado: el corte era demasiado limpio como para habérselo hecho en un accidente; y un dedo de la mano estaba en sospechoso mal estado.El hombre pertenecía a una familia, de Valencia, en la que todos estaban en paro. Habían suscrito más de ocho pólizas de seguro y le habían convencido entre todos para que se amputara un brazo para cobrar en torno a 600.000 euros.El hombre bajó al bar a tomarse un carajillo, se aplicó una anestesia local y se cortó el brazo a la altura del codo. Olvidó retirar el anillo de boda antes de amputarse la extremidad. Intentó recuperarlo a posteriori, lastimando el dedo.

El caso es de una crudeza brutal y resulta, a todas luces, extremo. Pero pertenece a esa nueva categoría de fraude que ha emergido con la crisis: el que se lleva a cabo por necesidad económica. “Con la crisis se ha producido un aumento del fraude de entre el 25% y el 30%”, asegura Javier Fernández, portavoz de la Asociación Empresarial del Seguro Unespa.

Las aseguradoras solían diferenciar entre defraudadores profesionales y ocasionales. El grupo Zurich presentó el pasado mes de marzo un informe en el que destacaba la aparición de un nuevo tipo de defraudador: el que lo es por necesidad. “Ahora, este tipo de asegurado traslada una deuda o sus malos resultados en el negocio a su seguro”, explica Carlos Palos, director de Siniestros de Zurich. “Cobrar una indemnización se convierte en una manera de percibir dinero”, añade.

Según los datos que maneja ICEA (Investigación Cooperativa entre Entidades Aseguradoras y Fondos de Pensiones), en 2003 se produjeron 54.114 intentos de fraude; en 2011, mucho más de doble, 130.959. “El fraude se ha incrementado sobre todo en los colectivos que más han sufrido los efectos de la crisis: las pymes y los jóvenes menores de 26 años”, apunta Francisco Valencia, director de gobierno corporativo de Línea Directa.

El aumento de los casos también obedece al hecho de que se investiga más y, por tanto, aparece más fraude. “Las aseguradoras han destinado un 17% más de recursos a la investigación”, confirma el portavoz de Unespa. Las compañías han reforzado sus departamentos de detección de fraude, han implantado programas informáticos que emiten alertas sobre casos potenciales, pero, en muchas ocasiones, tienen que recurrir a investigadores privados. Los seguimientos a defraudadores permiten grabar imágenes que destapan montajes y evitan que la aseguradora pague un solo euro.

Vilamajò hace un hueco al humor y recuerda entre risas un caso sonado, hace dos años, en Sevilla. Un hombre en supuesto estado catatónico se presentó en silla de ruedas, auxiliado por un familiar, ante el juez. Este dio orden en la sala de que proyectaran el vídeo que había conseguido grabar un agente de Winterman. El hombre en supuesto estado catatónico aparecía en su finca de recreo, en perfecto estado de forma, subido a un olivo.

Fraudes hay de todos los colores. Como el que se produjo en 2009 con una chica de unos 22 años, castellana, que alegó que le había mordido un perro y que no podía poner un pie en la calle ni ir a trabajar por la fobia a los perros que había desarrollado. La compañía tenía que pagarle entre 70 y 100 euros diarios, recuerda Vilamajò, por lo que ella dejaba de ingresar como consecuencia del accidente.

Un seguimiento de la agencia permitió descubrir que la chica salía de casa sin ningún problema. Todos los días, se iba tan pancha a trabajar. A una peluquería canina.

No cobró un euro.

Los detectives han encontrado un filón para resolver casos: las redes sociales. “Deberían ser las patronas de los investigadores”, dice en broma Vilamajò. Mariano Paradell, que cuenta con 50 detectives en su agencia, Grupo Paradell, recuerda cómo, este invierno, una foto de Facebook de dos jóvenes tomando cubatas juntos ayudó a destapar un montaje. Esos dos jóvenes habían dado parte de un accidente en una rotonda. En cada coche viajaban cinco pasajeros. El choque generó nueve bajas por latigazo cervical. Cada uno suponía 5.000 euros de indemnización. Importe total del montaje: 45.000 euros. Adujeron que no se conocían de nada, pero se desmostró que estaban compinchados.

“Esto ocurre a diario. España, Portugal, Grecia e Italia son países fraudulentos por naturaleza”, apunta Paradell, “si se comparan con los nórdicos o los japoneses”. El pícaro español sigue vivo. “Además, como las compañías muchas veces no denuncian, ni la fiscalía toma cartas en el asunto, esto se ha convertido en la gallina de los huevos de oro”, sostiene. “El defraudador sabe que no hay un gran riesgo”, explica, “que es poco probable que le pase nada por estafar a una compañía”.

Carlos Palos, de Zurich, dice sin embargo que esto está cambiando. Las aseguradoras se ven obligadas a investigar cada vez más los llamados “casos de menor cuantía” porque son estos los que crecen de manera notable en tiempos de crisis.

La situación económica genera, además, cambios en la tipología de casos. “Se investigan menos bajas ficticias”, dice Paradell, “la gente no se atreve a hacer el tonto para no perder su trabajo”, añade.

Y crecen los incendios en negocios que quieren salvar lo que puedan por la vía de cobrar una indemnización. Vilamajò explica que su agencia tiene entre manos la investigación de cuatro fuegos en tiendas de chinos que han encontrado en ellos la fórmula, dice, “para solucionar su salida”. Queman la tienda, cobran y se van de un país que, económicamente, ya no es lo que era

Fuente: Globovision.com – Se amputa el brazo para cobrar 600 mil euros de seguro.

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