Cómo hacer pequeños negocios en Facebook

Los ejemplos de personas que dan salida a productos artesanales o de segunda mano en Facebook contrasta con el fracaso de las grandes tiendas que intentaron convertir la red social en centro comercial

ES | 31/08/2012 – 07:30h

SERGI SILENDONES

Cómo hacer pequeños negocios en Facebook

La tienda también debe participar de la vida social en la red

Marta Matencio y Saskia Miró necesitaban dinero. Justo se acababan de mudar y la ingente cantidad de ropa que entre las dos sumaban había salido a la luz. ¿Y si la vendían? Sí, esa podría ser una buena solución. La siguiente pregunta que surgió fue: ¿cómo lo hacemos? Y la respuesta llegó aquella misma tarde: probemos de venderla por Facebook. Las dos jóvenes de Vilanova i la Geltrú (ambas nacidas en 1986) se colocaron frente al ordenador y, con la sencillez que caracteriza a la plataforma de Mark Zuckerberg, abrieron una nueva cuenta bajo el nombre de marca Luna de Marte. Nadie podía imaginar que, gracias a aquel paso, dos años más tarde iban a poder vivir de la venta de ropa y complementos de segunda mano en Facebook. La historia de Luna de Marte no es un caso aislado. Aunque no todos pueden vivir de ello, muchos son los que se animan a probarlo.

La barcelonesa Patricia Sevillano (1986) lleva mucho tiempo haciéndose sus propios collares. Era algo que hacía para ella, hasta que se dio cuenta de que a la gente le gustaban y decidió abrir una cuenta en Facebook en mayo del 2010 y empezar a subir fotografías de sus pequeñas obras artesanales: así nació Srta. Bolitas, que hoy cuenta con más de 2.600 amistades a las que vender la bisutería que hace en su tiempo libre. De forma parecida surgió el pasado mes de febrero Cintas Fantásticas. Catherina Shaw (1976) –de origen inglés, residente en Castelldefels– siempre ha sido aficionada a hacer sus propios lazos, pero descubrió que en España había poca oferta para conseguir cintas, y las que encontraba eran muy caras. Así que empezó a traer cintas de Inglaterra y de Estados Unidos. Al principio se las vendía a amigas que, como ella, son aficionadas a las manualidades. Después probó con Facebook y en menos de dos meses había llegado a las 1.000 amistades. A estas alturas ya ha superado los 2.000 amigos. No sale de su asombro.

Otro ejemplo es el de Javier Parra (1983), granadino afincado en Barcelona, quien puso en marcha Vintage y Más el pasado mes de noviembre junto con dos compañeras. Todo empezó porque querían vender la ropa que no usaban por internet, y cuando se lo explicaron a sus conocidos descubrieron que a ellos también les interesaba. Así que decidieron encargarse de vender la ropa de sus amigos y llevarse un porcentaje. Hoy compran lo que la gente no usa y lo venden en su página de Facebook. Un camino distinto siguió Anita Singers para llegar a establecer su pequeño negocio en la red social. Ana (1982) es una mujer colombiana especializada en alta moda. Llevaba siete años trabajando en Madrid cuando empezó a diseñar vestidos inspirados en los años 50 junto con una compañera. Se metieron en Facebook para colgar las fotografías de lo que hacían, sin otra finalidad que compartirlo. Pero el movimiento que generó la experiencia fue tal que Ana se animó a crear, ya en solitario, la marca Anita Singers en marzo del 2011. Gracias a esta cuenta en Facebook consigue una media de cinco encargos al mes para diseñar vestidos a medida. Tiene más de 3.300 amistades. Es cierto que las cifras siempre son relativas, y más en comparación con grandes entidades o marcas, pero lo que no es relativo es que estas pequeñas iniciativas han conectado con los usuarios. Vender en Facebook es una realidad, y una posibilidad para cualquier ciudadano anónimo.

Por qué empezar a vender a través de Facebook Las integrantes de Luna de Marte aseguran que optaron por empezar a vender ropa de segunda mano de estilo vintage a través de la red social porque les resultaba la opción más fácil y asequible para alguien que empieza. “Era una plataforma que usábamos, que conocíamos, y nos iba muy bien porque nos permitía adaptar el tiempo invertido a nuestros horarios”. Otro factor que destacan es la capacidad de tener un contacto directo con el cliente, basado en la interacción y el intercambio de mensajes y opiniones constante. “Llegas a la gente –explican–, te metes en su casa, en su vida, y les ofreces algo que les gusta. Y no hace falta que entren en tu cuenta para ver el producto, no hace falta que vayan a buscarte, les llega y lo tienen al alcance al momento. Es algo muy tentador”. El motivo de esta afirmación es que cada vez que un usuario se convierte en amigo de una de estas tiendas en Facebook, todas aquellas acciones que haga la tienda (publicar en el Muro –­ahora Biografía–, subir fotografías…) aparecerán en la página de inicio del usuario de forma automática. “En un blog o en una tienda on line convencional la gente tendría que entrar para ver el producto –compara Patricia Sevillano–. Aquí, aunque no lo quieran, van a acabar viéndolo”. Otras de las ventajas que destaca la creadora y única integrante de Srta. Bolitas es la de darse a conocer de forma fácil y rápida: “Agregas a tus amigos y conocidos, y la gente va sumándose: de un amigo a otro, amigos en común… ¡Funciona!”. Las razones de Anita Singers no contradicen a las del resto: “Te evitas las complicaciones de abrir una tienda y constituirte como empresa, lo gestionas todo desde tu casa y obtienes actividad constante y respuestas inmediatas”. Pero pese a todas las ventajas que ofrece Facebook, para todas estos negocios la página web propia es el siguiente paso, porque cuando el volumen de ventas sube, gestionar el funcionamiento de una tienda en la red social cuesta. Una web propia facilitaría dicha gestión, e incluso daría la posibilidad a la marca de abrirse con más fuerza internacionalmente, un objetivo que Luna de Marte tiene en mente. Y es que varias de estas iniciativas han conseguido, no sólo vender en todo el país, sino también fuera.

¿Cómo lo hacen? Es cierto que no hay una sola fórmula para vender en Facebook, y menos cuando hablamos de iniciativas que han surgido de manera espontánea, la mayoría de ellas ignorando aplicaciones o herramientas pensadas para la venta, usando una simple cuenta de usuario y actuando como tal. Pero al final todas ellas acaban por parecerse entre sí por el simple hecho de compartir una misma plataforma. A grandes rasgos, la técnica que comparten Luna de Marte, Srta. Bolitas y Cintas Fantásticas se basa en el siguiente procedimiento: la amistad-cliente reserva aquello que quiere, ellas le dan un número de cuenta corriente dónde hacer el ingreso de la cantidad acordada (incluyendo gastos de envío por valor de 3 euros aproximadamente) y, una vez hecho el ingreso, se envía el pedido por correo certificado a la dirección de la amistad-cliente.

Uno de los puntos discordantes de esta técnica es la forma de llevar a cabo la reserva del producto. Por ejemplo: Luna de Marte vende ropa de segunda mano recogida de distintos sitios –lugares que no desean desvelar del todo, aunque se intuyen mercados y viajes por Europa–, por lo cual sólo poseen un ejemplar de cada prenda. Esto puede generar conflictos sobre quién es la primera amistad-cliente que ha hecho la reserva si no se define muy bien cómo hay que proceder. “A raíz de una pelea entre dos clientas decidimos que las reservas se debían hacer por mensaje privado –cuentan Marta y Saskia–, y no comentando la foto de la prenda como solía hacer la gente de forma intuitiva”. En el caso de Cintas Fantásticas la cosa va un poco diferente: “Las clientes piden los metros que necesitan con un comentario en la foto y entonces yo les envío un mensaje privado con los precios”, explica Catherina Shaw, precios que suelen ser bajos, ya que esa es una de las claves de estos pequeños negocios en red. Algo de lo que Anita Singers se desmarca un poco, elaborando vestidos hechos a medida de estética años 50 que rondan los 300 euros. Piezas únicas que requieren la total implicación de la amistad-cliente. “Si la cliente vive en Madrid, quedamos a través de Facebook para tomar las medidas y escoger tejido y color –explica Ana–. Si no, les hago llegar una ficha de medidas y escogen lo que quieren en base a lo que ven en mi cuenta”. Sea como sea, la red social siempre ayuda a dar el primer paso.

Y yo, ¿cómo lo hago? Empezar a vender en Facebook no tiene grandes secretos, aunque, como todo en la vida, requiere de dedicación e ilusión para salir adelante. El primer paso que debe hacerse es, lógicamente, abrir una nueva cuenta en la red social. El nombre que se le dará es importante, como en cualquier marca, así como la foto de perfil, que en este caso equivaldría al logotipo. El segundo paso es subir buenas fotografías de los productos que se van a vender. Aquí la imagen es el producto, por lo que la imagen es medio negocio. ¿El tercer paso? Conseguir amistades-clientes. Los primeros amigos son los amigos de verdad, y los conocidos. A partir de ahí, el boca a boca y la naturaleza viral de la red hacen el resto. Aunque siempre se puede animar con ciertas acciones. En sus inicios, Luna de Marte incluía tarjetas en sus pedidos y regalaba bolsos de tela con su logotipo por ventas mayores a 30 euros, por ejemplo. El cuarto paso es ofrecer producto con periodicidad, de forma que las amistades-clientes vean que la actividad y la oferta es estable. Srta. Bolitas y Luna de Marte trabajan con colecciones. La primera sube una colección cada tres o cuatro meses, algunas con motivos como Navidad o San Valentín. Luna de Marte, en cambio, es más activa y sube una colección casi cada semana con veinte prendas. “Nunca se acaba todo –cuentan Marta y Saskia–, pero con los restos de las colecciones hacemos rebajas cada uno o dos meses”.

El quinto y último paso es el de la implicación. Hay que mantener viva la cuenta, convertirla en una extensión de la personalidad de la marca, pues eso es lo que es Facebook, una extensión de los gustos de sus usuarios. Para vender no es suficiente con subir fotos de productos, como tienda también hay que participar de la vida social en la red, compartir música, vídeos y gustos. Un negocio 2.0 dialoga con los usuarios, forma parte de la comunidad. Por ello atender con amabilidad a las amistades-clientes es clave, así como entender que estas pueden preguntar por la vida privada del vendedor. Porque no se trata de un vendedor usual: es un vendedor-amistad. Por eso confían en él.

El valor de lo cercano

La venta en Facebook no es novedad, apareció hace más de año y medio bajo el nombre de F-Commerce. Múltiples aplicaciones aparecieron por aquel entonces, aplicaciones que convertían una cuenta en una tienda, y grandes empresas norteamericanas quisieron aprovecharse delpotencial de la red social (más de 900 millones de usuarios en todo el mundo) y convertirla en centro comercial. La cosa no funcionó como esperaban y a principios de este año las noticias acerca de los cierres de tiendas en Facebook empezaron a circular por internet: marcas de ropa como Gap, cadenas como JC Penney o Nordstrom o la tienda de videojuegos GameStop habían decidido poner fin a su experiencia al no haber conseguido convertir ni seguidores ni usuarios en beneficios. ¿Las razones? Quizá no habían entendido la naturaleza de un organismo tan vivo como Facebook. Algo que parece que sí entienden, puede que de forma inconsciente, ciudadanos que se sirven de la plataforma para vender sus productos artesanales o de segunda mano. Para José Luis Zimmermann, director general de la Asociación Española de la Economía Digital, la clave es “acercarse de manera adecuada a la conversación que se produce en la red social”. A lo que añade: “Pese al posible fracaso de grandes marcas, no cabe duda de que Facebook es una herramienta que puede dar salida a un producto y ampliar su mercado, sobre todo en iniciativas de menor magnitud, e incluso pequeñas y medianas empresas”.

Fuente: Cómo hacer pequeños negocios en Facebook. LA VANGUARDIA

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