lunes, 20 de mayo de 2013VENENOS Y ENVENENADORES Por

lunes, 20 de mayo de 2013

VENENOS Y ENVENENADORES

Por Dr. Juan Fco. Moreno
Asesoría Médica SSCC
Previsión Mallorquina
            La toxicología es la ciencia que estudia los tóxicos y las intoxicaciones. En principio, los conceptos de tóxico y veneno son sinónimos, pero en la actualidad el primero se utiliza en su más amplio sentido, con carácter general, para designar a un agente químico o físico perturbador de los equilibrios vitales, mientras que la palabra “veneno” se reserva para aplicarla a esa misma sustancia cuando fue utilizada intencionadamente. Los requisitos que un agente tóxico debe reunir para su empleo con fines criminales son: carecer de propiedades organolépticas, como olor y sabor, que permitiría detectarlo a la víctima; fácil adquisición sin despertar sospechas; eficacia a dosis bajas; cuadros agudos o subagudos que puedan ser confundidos con enfermedades banales; fácil aplicación en comidas y bebidas, es decir, que sean solubles.
                Puede decirse que cada época histórica ha tenido su tóxico, y que los venenos han desempeñado un importante papel en la historia, ya sea con fines positivos (caza, exterminio de plagas, medicamentos, etc.) o con fines criminales.
                Es de suponer que ya el hombre prehistórico tuvo conocimiento de las propiedades tóxicas de algunas sustancias minerales, vegetales o animales. Muy probablemente fueron las sustancias de origen vegetal las primeramente manejadas. Así, en algunos palafitos de la Edad de Bronce se han encontrado frutos del papaver (amapolas). Por otra parte los hombres del paleolítico impregnaban las puntas de las lanzas o flechas (toxicología deriva de la palabra griega toxikon –alude a algo propio para el arco o la flecha-) con algunas sustancias tóxicas, una de las más usadas para este menester fue el curare.
                En Egipto son los sacerdotes los que conocen y guardan los venenos porque son considerados como “privilegios de clase y armas de estado”. En el antiguo Egipto, los datos de mayor interés toxicológico versan sobre los venenos de las serpientes y el cianhídrico.
                En la Grecia clásica los venenos se conocen perfectamente, principalmente la cicuta, pero su uso está controlado por el Estado, que los emplea para el ajusticiamiento y los suministra para el suicidio, cuando el suicida expone y argumenta las razones para abandonar la vida. Platón describió el cuadro clínico de la ejecución de Sócrates con notable exactitud.
 
Mitrídates VI rey del Ponto
                Mitrídates VI rey del Ponto, también llamado Mitrídates el Grande, que reinó del 120 al 63 a.C., para protegerse de los venenos empezó a absorberlos en dosis pequeñas y repetidas, no sin antes hacerlos probar a criminales convictos —y a veces también a sus esclavos— para asegurarse así de que las dosis que iba a ingerir eran seguras. El rey del Ponto también probó los efectos de varios posibles antídotos en estos prisioneros, administrándoselos antes de darles el veneno o justo después de envenenarlos. De este modo descubrió varios antídotos, o lo que él consideró como antídotos, contra un buen número de venenos. Tras combinarlos con la ayuda de su médico de cámara, Mitrídates confeccionó el Mithridacum, un complejo brebaje formado por 41 ingredientes que el rey empezó a tomar diariamente. La pócima, que se consideró durante décadas como un antídoto universal, era sin duda muy efectiva, ya que cuando finalmente Mitrídates fue derrotado por Pompeyo, todos sus intentos de suicidarse con venenos resultaron vanos. Para acabar con su vida, el rey del Ponto tuvo que ordenar a uno de sus fieles soldados que le matara con la espada. En su honor se denominaron mitridáticos las mezclas preventivas compuestas de muchos ingredientes.
                En realidad, Mitrídates no había inventado nada nuevo. Durante el período Maurya (320-185 a.C.), el del primer gran imperio de la India, cobraron fama las vish kanyas o «doncellas del veneno» que, tras seducir a los reyes enemigos, los mataban literalmente a besos. Según narraba el maquiavélico Chanakya, consejero y primer ministro de Chandragupta, el primer emperador Maurya, estas doncellas se hacían morder desde la infancia por serpientes cada vez más venenosas y a resultas de ello, su sangre y su saliva iban concentrando dosis cada vez más elevadas de veneno. Al llegar a la adolescencia, las vish kanyas ya tenían una concentración letal de veneno en su cuerpo y, sin embargo, no se veían afectadas por estas dosis letales porque habían adquirido gradualmente inmunidad contra ellas. Cuando una de estas ponzoñosas doncellas seducía al rey rival, procuraba morder su lengua mientras le besaba para que el veneno de su saliva entrara en el torrente sanguíneo del monarca, con lo que éste moría sin remisión en unas pocas horas. Dado que los venenos de ofidios se desnaturalizan cuando entran en el estómago, era indispensable que la doncella del veneno mordiera la lengua del rey para poder cumplir su cometido.
                Nerón tuvo fama de utilizar largamente los venenos. Calígula tenía una buena colección de venenos y sabía usarlos. Es conocido el caso de Columbus, un gladiador que habiendo sido herido, el emperador le aplicó un ungüento sobre la herida que le produjo la muerte. Octavio muere a manos de Livia, su mujer. Octavio sabía que los venenos estaban permanentemente “invitados” a palacio, así que sólo consumía los higos –su comida predilecta- que cogía de la higuera con sus propias manos. Livia, valiéndose del  arsénico, inyectó los higos in situ y de este modo murió el César Augusto. Locusta fue la gran maestra de aquella época. Locusta, misteriosa mujer del siglo I (d.C.), nació en la provincia romana de Galia, hoy Francia. En el campo, durante su infancia, llegó a conocer los poderes de las plantas y sus propiedades mágicas. Cada día probaba un veneno distinto y así fue adquiriendo inmunidad. Así como Mitrídates VI, Locusta se volvió inmune a los diferentes venenos y plantas venenosas. Es difícil saber qué venenos utilizaba. Se habla de arsénico y cianuro. Así, en Roma, cerca del Palatino, acudían a consultar a Locusta los romanos que deseaban darle muerte a sus enemigos y rivales. Entre los consultantes se encontraba Agripina, esposa del emperador Claudio (muerto por una seta venenosa). Agripina consiguió liberar de su condena a muerte a Locusta que había sido sentenciada previamente por sus artes con los venenos. Entonces la utiliza para conseguir coronar como emperador a su hijo Nerón. Una vez que lo consiguen, Nerón la protegería, y se convirtió en la envenenadora oficial del imperio. Pero tras la caída de Nerón, Locusta es condenada a morir como responsable de unas 400 muertes. Dioscórides, médico de Nerón, utilizó los conocimientos de Locusta para su tratado De Universa Medica. Hasta tal extremo llegó la frecuencia de los envenenamientos en la época romana y debido a una inusitada proliferación de jóvenes viudas ricas, que Lucio Cornelio hubo de dictar una ley especial, la denominada Lex cornelia de sicariis et veneficiis, erigiendo el envenenamiento en delito especial. A pesar de esto se llegó a refinamientos insospechados, especialmente en la forma de administrar el tóxico; en las excavaciones de Pompeya se han encontrado sortijas con cavidades para contener el veneno y con punzones disimulados para su inoculación.
                Los médicos más famosos de la antigüedad griega y romana, así como, los médicos árabes y bajo medievales se ocuparon de los venenos y los envenenamientos. Los médicos de Al-Andalus fueron un foco importante en el desarrollo y difusión de la medicina y entre las materias cultivadas estaba la toxicología.
                En la Edad Media debido al aumento de los envenenamientos criminales se vio la necesidad de crear una toxicología médico-legal.
 
Lucrecia Borgia
 
Rodrigo Borgia
                En la Italia del siglo XV es famosa y destaca en el uso de venenos la familia Borgia. Aunque es posible que no utilizaran los venenos más que algunos gobernadores de la época, ya que por entonces el veneno era un arma común en la vida social y política de las cortes europeas, sobre todo, en Italia y Francia; en los primeros dos tercios del siglo XV, murieron envenenados nueve sucesores de Carlomagno y cinco papas.
Durante este periodo la detección de los envenenamientos era difícil porque se confundían los síntomas con los de muchas enfermedades. Una de las pocas pruebas toxicológicas que se realizaba era dar de comer a un animal los restos del alimento sospechoso.
                Otra familia con larga experiencia en estos menesteres fue la de los Médici. Alejandro, Duque de Florencia, envenenó a su propia madre, y Catalina, sobrina del papa Clemente VII, tras casarse con el que después fue rey de Francia como Enrique II, introdujo en este país los métodos italianos.
                La actividad más próspera de la época se desarrolló en el sur de Italia. Uno de los más conocidos envenenadores fue una mujer, llamada Toffana, que vivía en Nápoles, a quien se le atribuye la muerte de unas 600 personas entre las que están los papas Pío III y Clemente XIV. Utilizaba el acqua toffana que por los síntomas que producía parece ser que estaba constituida por arsénico y cantáridas, algún autor también le añade mercurio; las embotellaba en frascos con la imagen de algún santo. Fue ajusticiada en 1719.
                Otro famoso brebaje contemporáneo fue la llamada acquetta de Peruzzia, cuya receta se preparaba espolvoreando con arsénico vísceras de cerdo; los líquidos de la putrefacción disolvían el arsénico al que se le unían las ptomaínas producidas por la descomposición de dichas vísceras.
                Otro envenenamiento legendario es el de Ladislao, rey de Nápoles. Se refiere que murió intoxicado durante el coito con su amante, la cual se había introducido en la vagina un algodón impregnado en arsénico. A ella no le afectó porque se había inmunizado previamente con dosis progresivas del tóxico.
                Madame Brinvilliers (1630-1676), hija del conde Dreux d’Aubray era hermosa, inteligente y de conducta escandalosa. Junto con su amante realizaron una serie de envenenamientos, incluido el de su esposo. Durante la investigación y el juicio los peritos no los pudieron desenmascarar, pero con posterioridad el amante murió en su laboratorio, mientras preparaba un gas tóxico, al rompérsele la máscara que utilizaba.
                Catalina Deshayes (1680), conocida como “la Voisin” fue otra envenenadora de renombre. Regentaba un negocio para la venta de venenos a mujeres con ganas de enviudar. También estuvo implicada en un atentado frustrado contra la vida de Luis XIV, con un preparado, “los polvos de sucesión”, a base de arsénico y azúcar de saturno(acetato de plomo). También utilizó acónito, belladona y opio. Y se refiere que mató a unos 2000 niños en un trágico sistema de planificación familiar.
                Durante el siglo XVIII, los venenos y envenenadores, aún seguían campando a sus anchas ante la impotencia de jueces como el inglés Henry Fielding, que, encargado de juzgar a una viuda acusada de envenenar a su marido con arsénico, tras una investigación policial negativa, gritó desesperado a los médicos que hicieron la autopsia: “sacad el veneno donde está escondido, mostradlo y yo la condenaré”.
                En la época contemporánea, a partir del siglo XIX, dejan de emplearse los venenos tradicionales. Sobre todo debido a que el trabajo de los peritos iba dando su fruto. En este sentido, Marsh, químico inglés, desarrolla un método para evidenciar la presencia de arsénico en vísceras y alimentos. También en en este siglo varios autores proponen una sistemática para la detección de venenos inorgánicos. Debido a ello los envenenadores recurren a extractos vegetales con alcaloides, cuya química era poco conocida y dificultaba el descubrimiento del delito. En este sentido fue importante el proceso contra el conde de Bocarmé. En el castillo de Bitremont, en Bélgica, el conde de Bocarmé, ayudado por su esposa Lidia, envenenó con nicotina a su cuñado Gustave. El conde estaba con problemas económicos y la esposa compartía la herencia con su hermano Gustave. Este era enfermizo y no se le auguraba larga vida, pero todo se aceleró cuando Gustave decide contraer matrimonio, por lo que el conde decide matarlo. Bocarmé era aficionado a la química y sabía muy bien que habían fracasado todos los intentos de la medicina y la química forense para localizar venenos vegetales en los cadáveres. Aprendió la extracción de los alcaloides de las plantas y obtuvo un concentrado de nicotina a partir de la planta del tabaco, con el que fabricó una colonia. Un día que invitó a comer a su cuñado le consiguió verter la sustancia en la boca, falleciendo rápidamente. El médico que atendió al paciente certificó muerte por apoplejía, pero el juez de paz sospechó del caso, por lo que inició una investigación. La boca de Gustave estaba ennegrecida como si hubiera sido afectada por algún ácido. El criado mostró a los investigadores el laboratorio oculto del conde, donde encontraron la nicotina. En el proceso fue designado como perito el químico Jean Servais Stas que desarrolló un procedimiento para la extracción de alcaloides de las vísceras y consiguió separar el veneno utilizado. Así se demostró la presencia de la nicotina en el cuerpo de Gustave. La noche del 19 de julio de 1851, a la luz de las antorchas, el conde de Bocarmé murió en el cadalso de Mons. Sin embargo, se absolvió a la condesa, con gran indignación de la opinión pública, ya que el jurado no quiso entregar una dama al hacha del verdugo.
                Otro proceso importante de esta época fue el del Dr. Couty de la Pommerais. El suceso ocurre en París. El Dr. Couty, joven médico homeópata de 28 años, se casa en abril de 1861 con la hija de Mme. Dubizy. A los dos meses falleció la joven esposa. El suceso no despertó ninguna sospecha. Solo más adelante, cuando se acusa a la Pommerais de haber envenenado a una amiga, se recuerda a la suegra, que su hija también murió de vómitos; pero habían pasado dos años, y la autopsia no pudo dar pruebas concretas y los tribunales le absolvieron. La herencia de madame Dubizy no le proporcionó más que mil francos. Por lo que había que seguir buscando oro.
                Para casarse con madame Dubizy, previamente había tenido que romper con Julia Paw, viuda de un pintor, a quien conoció en 1858, al asistir a su marido moribundo. La muerte de su esposo dejó a la Sra. Paw sin recursos y con tres hijos. Ella nunca le pidió nada a la Pommerais y se resignó ante la ruptura que precedió al casamiento con madame Dubizy. Un día de junio de 1869, al cabo de tres años, se presenta la Pommerais ante Julia, que le recibe con los brazos abiertos, sin sospechar los criminales pensamientos que traía.
Los seguros de vida comenzaban a desarrollarse en Francia y la Pommerais pensaba utilizar las múltiples combinaciones que las compañías ofrecían a sus clientes. Se presentó a Julia como el enamorado decidido a sacar de la miseria a la mujer amada. Ella debía asegurar su vida en una cantidad importante, y él se encargaría de pagar el seguro los primeros meses. Transcurridos estos, la viuda fingiría caer enferma. La Pommerais, como médico, certificaría su gravedad. Entonces negociaría un arreglo, proponiendo a la compañía romper todo compromiso mediante una indemnización de 6.000 francos de renta vitalicia, que ambos amantes se repartirían por igual.
                A la viuda le pareció perfecto, pero a pesar de ello fue a consultar el plan con un conocido que era periodista muy entendido en asuntos financieros. Este le dijo que lo único que podía temer era que la persona que pagaba las primas desease su muerte. Pero esto lo descartaba y ni se le pasaba por la cabeza a la Sra. Paw.
 
Dr. Edmond Couty de la Pommerais

En julio de 1863, Julia de Paw se aseguró en seis compañías por una suma total de 550.000 francos. La Pommerais empezó a pagar las primas; pero puso como condición que la viuda le cediese el beneficio del seguro, para no perderlo todo si una casualidad hacía que muriese antes de realizar el negocio. Cuatro meses más tarde la viuda fingía una enfermedad a raíz de una caída. Un médico fue a visitarla, el Dr. Velpeau, y como no encontró en ella síntomas de enfermedad, calificó a Julia de enferma imaginaria. Por lo tanto, era necesario que existiesen síntomas graves para alarmar a las compañías de seguros. La Pommerais propuso entonces a Julia tomar una pócima que, sin ocasionarle daño, le produciría vómitos de aspecto sospechoso. La viuda que no desconfiaba del doctor, aceptó. En la noche del 16 al 17 de noviembre, la nueva víctima de la ambición de la Pommerais moría en medio de horribles sufrimientos, y antes de ocho días aquél reclamaba a las compañías de seguro. El propio Couty firma el certificado de defunción: muerte por cólera. Ante lo elevado del seguro la compañía entra en sospecha y denuncia el caso. El juez ordena la exhumación y se encarga el caso al Prof. Tardieu, catedrático de medicina legal de París. El profesor siguió el procedimiento de extracción de tóxicos orgánicos, pero pese a que el extracto era amargo, lo que indicaba que podría ser un alcaloide, las reacciones generales de estos eran negativas. Ensayaron entonces un método nuevo, que ya lo había puesto en práctica Claude Bernal, el método fisiológico, que consistía en reproducir los síntomas en animales de experimentación. El Prof. Tardieu inyectó el extracto a un perro y luego a una rana y comprobó que se reproducían los efectos de la digital. La señora Paw había sido envenenada con digital. El Dr. Couty fue ejecutado en la guillotina el 9 de junio de 1864.

                El juramento hipocrático, que recibe su nombre de Hipócrates de Cos (460-377 a.C.)  considerado el padre de la medicina, es el juramento público que realizan los médicos cuando se graduan ante otros médicos, doctores y ante la comunidad. A pesar de que en dicho juramento se incluye que «… jamás me dejaré inducir a administrar a nadie un veneno o un medicamento que conduzca a la muerte o al aborto…», el mismo no le importó al Dr. Couty de la Pommerais, ni a otros médicos que han pasado a la triste historia de los envenenadores, como el Dr. Palmer que en 1849 mató a su suegra y luego se descubrió que había asesinado a 14 personas más entre ellas a su esposa y a su propio hermano. El veneno empleado fue la estricnina.
 
Dr. Shipman

En el Reino Unido es celebre el caso del Dr. Harold Shipman, apodado el Dr. Muerte, uno de los mayores asesinos en serie de la historia. Este doctor fue formalmente acusado de asesinar a 15 mujeres, pacientes suyas, con sobredosis de morfina. Se tenían sospechas de que este doctor practicaba una medicina “muy particular”, debido a que la incidencia de muertes entre sus pacientes era muy elevada, 459 personas que estaban a su cuidado fallecieron. De hecho en marzo de 1998, la Dra. Linda Reynolds que trabajaba en una clínica frente a la de Shipman, se presentó ante las autoridades preocupada por los altos índices de mortalidad entre los pacientes del Dr. Shipman. La Dra. Reynolds les dijo que el Dr. Shipman estaba matando a sus pacientes, aunque no sabía si por negligencia o intencionadamente. Pero la policía no disponía de suficientes pruebas para arrestar a Shipman y levantar cargos contra él. No fue hasta que la hija de Kathleen Grundy, paciente del Dr. Shipman, tras el fallecimiento de su madre y la apertura del testamento se decide a poner el caso en manos de las autoridades. La señora Grundy dispuso en sus últimas voluntades dejar toda su fortuna al Dr. Shipman, desheredando a su hija. El cadáver de la señora Grundy fue exhumado y la autopsia reveló cantidades excesivas de morfina. Shipman fue arrestado el 7 de septiembre de 1998 y encontraron en su poder una máquina de escribir del tipo usado para falsificar el documento de la herencia. La investigación policial demostró que en al menos 15 casos más había causas que no admitían dudas de asesinato. El Dr. Shipman fue juzgado y condenado a 15 cadenas perpetuas por los crímenes perpetrados entre 1995 y 1998. Con posterioridad al juicio siguieron las investigaciones y estas concluyeron que, al menos, 250 personas fueron asesinadas por este médico. Shipman fue encontrado ahorcado en los barrotes de la celda de la prisión de Wakefiel, a las 6 de la mañana del 13 de Enero de 2004.

                Hoy en día hay técnicas, como la espectrofotometría de masas, que ayudan a la toxicología y con la que se pueden detectar casi todas las sustancias, aunque se encuentren en pequeñas cantidades. Lo que no quiere decir que se hayan dejado de utilizar los tóxicos clásicos o se utilicen nuevas sustancias.
                Como el caso ocurrido en 2006 cuando un exagente de la KGB, el teniente coronel Alexander Litvinenko era envenenado en Londres por el agente Andrei Logovoi. Litvinenko antes de morir reveló que el presidente Putin estaba detrás del asesinato. Este lo negó pero cuando los británicos pidieron la extradición de Logovoi los rusos no la concedieron. Litvinenko fue envenenado con un isótopo radioactivo, el Polonio 210.
                A lo largo de toda la historia el ser humano ha utilizado los tóxicos para obtener algún beneficio, y no solo terapeútico, sino como hemos visto en muchos casos por cuestiones económicas, políticas, de poder…
                Hemos repasado una pequeña muestra de los venenos y envenenadores que ha habido desde el inicio de los tiempos y hasta nuestros días. Hay otros muchos casos que se relatan en la bibliografía. Y otros tantos que no habrán sido detectados y que habrán terminado siendo certificados como muertes naturales, logrando su objetivo.
Bibliografía
- Corbella, J. Historia de la toxicología. Publicaciones de la Universidad de Barcelona. 1998.
- Durand Alegría, JS, Fernández Hernando, P y Garciñuno Martínez, RM. Toxicología analítica. UNED. Fac. Ciencias. Dpto.  Ciencias Analíticas. Postgrado en Ciencias Químicas. Módulo I. Química Analítica. Cuso 2008/2009.
- Pijoan, M. Antídotos tribales. O F F A R M. vol 27, núm 9, octubre 2008.
- Repetto Jiménez, M y Repetto Kuhn, G. Toxicología fundamental. 4ª ed. Madrid: Ediciones Díaz de Santos; 2009
- Un médico envenenador. Revista técnica de la Guardia Civil. núm 120. Febrero 1920.
- Villanueva Cañadas, E. Introducción a la toxicología. En: Gisbert Calabuig. Medicina legal y toxicología. 6ª edición. Ed. Masson, Barcelona; 2004.
- Villanueva Cañadas, E. Etiología general de las intoxicaciones. En: Gisbert Calabuig. Medicina legal y toxicología. 6ª edición. Ed. Masson, Barcelona; 2004.
- Villanueva Cañadas, E. Envenenadores y envenenados en la historia forense. 9º Curso de Actualidad Científica 2007-08, “El mundo del veneno”. Parque de las Ciencias – Universidad de Granada. Conferencia Inaugural, 25/04/2008.

Comunidad pm: VENENOS Y ENVENENADORES

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