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Publicado el 8 abril, 2014 por seguro-mas-barato

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lunes, 20 de mayo de 2013VENENOS Y ENVENENADORES Por

lunes, 20 de mayo de 2013

VENENOS Y ENVENENADORES

Por Dr. Juan Fco. Moreno
Asesoría Médica SSCC
Previsión Mallorquina
            La toxicología es la ciencia que estudia los tóxicos y las intoxicaciones. En principio, los conceptos de tóxico y veneno son sinónimos, pero en la actualidad el primero se utiliza en su más amplio sentido, con carácter general, para designar a un agente químico o físico perturbador de los equilibrios vitales, mientras que la palabra “veneno” se reserva para aplicarla a esa misma sustancia cuando fue utilizada intencionadamente. Los requisitos que un agente tóxico debe reunir para su empleo con fines criminales son: carecer de propiedades organolépticas, como olor y sabor, que permitiría detectarlo a la víctima; fácil adquisición sin despertar sospechas; eficacia a dosis bajas; cuadros agudos o subagudos que puedan ser confundidos con enfermedades banales; fácil aplicación en comidas y bebidas, es decir, que sean solubles.
                Puede decirse que cada época histórica ha tenido su tóxico, y que los venenos han desempeñado un importante papel en la historia, ya sea con fines positivos (caza, exterminio de plagas, medicamentos, etc.) o con fines criminales.
                Es de suponer que ya el hombre prehistórico tuvo conocimiento de las propiedades tóxicas de algunas sustancias minerales, vegetales o animales. Muy probablemente fueron las sustancias de origen vegetal las primeramente manejadas. Así, en algunos palafitos de la Edad de Bronce se han encontrado frutos del papaver (amapolas). Por otra parte los hombres del paleolítico impregnaban las puntas de las lanzas o flechas (toxicología deriva de la palabra griega toxikon –alude a algo propio para el arco o la flecha-) con algunas sustancias tóxicas, una de las más usadas para este menester fue el curare.
                En Egipto son los sacerdotes los que conocen y guardan los venenos porque son considerados como “privilegios de clase y armas de estado”. En el antiguo Egipto, los datos de mayor interés toxicológico versan sobre los venenos de las serpientes y el cianhídrico.
                En la Grecia clásica los venenos se conocen perfectamente, principalmente la cicuta, pero su uso está controlado por el Estado, que los emplea para el ajusticiamiento y los suministra para el suicidio, cuando el suicida expone y argumenta las razones para abandonar la vida. Platón describió el cuadro clínico de la ejecución de Sócrates con notable exactitud.
 
Mitrídates VI rey del Ponto
                Mitrídates VI rey del Ponto, también llamado Mitrídates el Grande, que reinó del 120 al 63 a.C., para protegerse de los venenos empezó a absorberlos en dosis pequeñas y repetidas, no sin antes hacerlos probar a criminales convictos —y a veces también a sus esclavos— para asegurarse así de que las dosis que iba a ingerir eran seguras. El rey del Ponto también probó los efectos de varios posibles antídotos en estos prisioneros, administrándoselos antes de darles el veneno o justo después de envenenarlos. De este modo descubrió varios antídotos, o lo que él consideró como antídotos, contra un buen número de venenos. Tras combinarlos con la ayuda de su médico de cámara, Mitrídates confeccionó el Mithridacum, un complejo brebaje formado por 41 ingredientes que el rey empezó a tomar diariamente. La pócima, que se consideró durante décadas como un antídoto universal, era sin duda muy efectiva, ya que cuando finalmente Mitrídates fue derrotado por Pompeyo, todos sus intentos de suicidarse con venenos resultaron vanos. Para acabar con su vida, el rey del Ponto tuvo que ordenar a uno de sus fieles soldados que le matara con la espada. En su honor se denominaron mitridáticos las mezclas preventivas compuestas de muchos ingredientes.
                En realidad, Mitrídates no había inventado nada nuevo. Durante el período Maurya (320-185 a.C.), el del primer gran imperio de la India, cobraron fama las vish kanyas o «doncellas del veneno» que, tras seducir a los reyes enemigos, los mataban literalmente a besos. Según narraba el maquiavélico Chanakya, consejero y primer ministro de Chandragupta, el primer emperador Maurya, estas doncellas se hacían morder desde la infancia por serpientes cada vez más venenosas y a resultas de ello, su sangre y su saliva iban concentrando dosis cada vez más elevadas de veneno. Al llegar a la adolescencia, las vish kanyas ya tenían una concentración letal de veneno en su cuerpo y, sin embargo, no se veían afectadas por estas dosis letales porque habían adquirido gradualmente inmunidad contra ellas. Cuando una de estas ponzoñosas doncellas seducía al rey rival, procuraba morder su lengua mientras le besaba para que el veneno de su saliva entrara en el torrente sanguíneo del monarca, con lo que éste moría sin remisión en unas pocas horas. Dado que los venenos de ofidios se desnaturalizan cuando entran en el estómago, era indispensable que la doncella del veneno mordiera la lengua del rey para poder cumplir su cometido.
                Nerón tuvo fama de utilizar largamente los venenos. Calígula tenía una buena colección de venenos y sabía usarlos. Es conocido el caso de Columbus, un gladiador que habiendo sido herido, el emperador le aplicó un ungüento sobre la herida que le produjo la muerte. Octavio muere a manos de Livia, su mujer. Octavio sabía que los venenos estaban permanentemente “invitados” a palacio, así que sólo consumía los higos –su comida predilecta- que cogía de la higuera con sus propias manos. Livia, valiéndose del  arsénico, inyectó los higos in situ y de este modo murió el César Augusto. Locusta fue la gran maestra de aquella época. Locusta, misteriosa mujer del siglo I (d.C.), nació en la provincia romana de Galia, hoy Francia. En el campo, durante su infancia, llegó a conocer los poderes de las plantas y sus propiedades mágicas. Cada día probaba un veneno distinto y así fue adquiriendo inmunidad. Así como Mitrídates VI, Locusta se volvió inmune a los diferentes venenos y plantas venenosas. Es difícil saber qué venenos utilizaba. Se habla de arsénico y cianuro. Así, en Roma, cerca del Palatino, acudían a consultar a Locusta los romanos que deseaban darle muerte a sus enemigos y rivales. Entre los consultantes se encontraba Agripina, esposa del emperador Claudio (muerto por una seta venenosa). Agripina consiguió liberar de su condena a muerte a Locusta que había sido sentenciada previamente por sus artes con los venenos. Entonces la utiliza para conseguir coronar como emperador a su hijo Nerón. Una vez que lo consiguen, Nerón la protegería, y se convirtió en la envenenadora oficial del imperio. Pero tras la caída de Nerón, Locusta es condenada a morir como responsable de unas 400 muertes. Dioscórides, médico de Nerón, utilizó los conocimientos de Locusta para su tratado De Universa Medica. Hasta tal extremo llegó la frecuencia de los envenenamientos en la época romana y debido a una inusitada proliferación de jóvenes viudas ricas, que Lucio Cornelio hubo de dictar una ley especial, la denominada Lex cornelia de sicariis et veneficiis, erigiendo el envenenamiento en delito especial. A pesar de esto se llegó a refinamientos insospechados, especialmente en la forma de administrar el tóxico; en las excavaciones de Pompeya se han encontrado sortijas con cavidades para contener el veneno y con punzones disimulados para su inoculación.
                Los médicos más famosos de la antigüedad griega y romana, así como, los médicos árabes y bajo medievales se ocuparon de los venenos y los envenenamientos. Los médicos de Al-Andalus fueron un foco importante en el desarrollo y difusión de la medicina y entre las materias cultivadas estaba la toxicología.
                En la Edad Media debido al aumento de los envenenamientos criminales se vio la necesidad de crear una toxicología médico-legal.
 
Lucrecia Borgia
 
Rodrigo Borgia
                En la Italia del siglo XV es famosa y destaca en el uso de venenos la familia Borgia. Aunque es posible que no utilizaran los venenos más que algunos gobernadores de la época, ya que por entonces el veneno era un arma común en la vida social y política de las cortes europeas, sobre todo, en Italia y Francia; en los primeros dos tercios del siglo XV, murieron envenenados nueve sucesores de Carlomagno y cinco papas.
Durante este periodo la detección de los envenenamientos era difícil porque se confundían los síntomas con los de muchas enfermedades. Una de las pocas pruebas toxicológicas que se realizaba era dar de comer a un animal los restos del alimento sospechoso.
                Otra familia con larga experiencia en estos menesteres fue la de los Médici. Alejandro, Duque de Florencia, envenenó a su propia madre, y Catalina, sobrina del papa Clemente VII, tras casarse con el que después fue rey de Francia como Enrique II, introdujo en este país los métodos italianos.
                La actividad más próspera de la época se desarrolló en el sur de Italia. Uno de los más conocidos envenenadores fue una mujer, llamada Toffana, que vivía en Nápoles, a quien se le atribuye la muerte de unas 600 personas entre las que están los papas Pío III y Clemente XIV. Utilizaba el acqua toffana que por los síntomas que producía parece ser que estaba constituida por arsénico y cantáridas, algún autor también le añade mercurio; las embotellaba en frascos con la imagen de algún santo. Fue ajusticiada en 1719.
                Otro famoso brebaje contemporáneo fue la llamada acquetta de Peruzzia, cuya receta se preparaba espolvoreando con arsénico vísceras de cerdo; los líquidos de la putrefacción disolvían el arsénico al que se le unían las ptomaínas producidas por la descomposición de dichas vísceras.
                Otro envenenamiento legendario es el de Ladislao, rey de Nápoles. Se refiere que murió intoxicado durante el coito con su amante, la cual se había introducido en la vagina un algodón impregnado en arsénico. A ella no le afectó porque se había inmunizado previamente con dosis progresivas del tóxico.
                Madame Brinvilliers (1630-1676), hija del conde Dreux d’Aubray era hermosa, inteligente y de conducta escandalosa. Junto con su amante realizaron una serie de envenenamientos, incluido el de su esposo. Durante la investigación y el juicio los peritos no los pudieron desenmascarar, pero con posterioridad el amante murió en su laboratorio, mientras preparaba un gas tóxico, al rompérsele la máscara que utilizaba.
                Catalina Deshayes (1680), conocida como “la Voisin” fue otra envenenadora de renombre. Regentaba un negocio para la venta de venenos a mujeres con ganas de enviudar. También estuvo implicada en un atentado frustrado contra la vida de Luis XIV, con un preparado, “los polvos de sucesión”, a base de arsénico y azúcar de saturno(acetato de plomo). También utilizó acónito, belladona y opio. Y se refiere que mató a unos 2000 niños en un trágico sistema de planificación familiar.
                Durante el siglo XVIII, los venenos y envenenadores, aún seguían campando a sus anchas ante la impotencia de jueces como el inglés Henry Fielding, que, encargado de juzgar a una viuda acusada de envenenar a su marido con arsénico, tras una investigación policial negativa, gritó desesperado a los médicos que hicieron la autopsia: “sacad el veneno donde está escondido, mostradlo y yo la condenaré”.
                En la época contemporánea, a partir del siglo XIX, dejan de emplearse los venenos tradicionales. Sobre todo debido a que el trabajo de los peritos iba dando su fruto. En este sentido, Marsh, químico inglés, desarrolla un método para evidenciar la presencia de arsénico en vísceras y alimentos. También en en este siglo varios autores proponen una sistemática para la detección de venenos inorgánicos. Debido a ello los envenenadores recurren a extractos vegetales con alcaloides, cuya química era poco conocida y dificultaba el descubrimiento del delito. En este sentido fue importante el proceso contra el conde de Bocarmé. En el castillo de Bitremont, en Bélgica, el conde de Bocarmé, ayudado por su esposa Lidia, envenenó con nicotina a su cuñado Gustave. El conde estaba con problemas económicos y la esposa compartía la herencia con su hermano Gustave. Este era enfermizo y no se le auguraba larga vida, pero todo se aceleró cuando Gustave decide contraer matrimonio, por lo que el conde decide matarlo. Bocarmé era aficionado a la química y sabía muy bien que habían fracasado todos los intentos de la medicina y la química forense para localizar venenos vegetales en los cadáveres. Aprendió la extracción de los alcaloides de las plantas y obtuvo un concentrado de nicotina a partir de la planta del tabaco, con el que fabricó una colonia. Un día que invitó a comer a su cuñado le consiguió verter la sustancia en la boca, falleciendo rápidamente. El médico que atendió al paciente certificó muerte por apoplejía, pero el juez de paz sospechó del caso, por lo que inició una investigación. La boca de Gustave estaba ennegrecida como si hubiera sido afectada por algún ácido. El criado mostró a los investigadores el laboratorio oculto del conde, donde encontraron la nicotina. En el proceso fue designado como perito el químico Jean Servais Stas que desarrolló un procedimiento para la extracción de alcaloides de las vísceras y consiguió separar el veneno utilizado. Así se demostró la presencia de la nicotina en el cuerpo de Gustave. La noche del 19 de julio de 1851, a la luz de las antorchas, el conde de Bocarmé murió en el cadalso de Mons. Sin embargo, se absolvió a la condesa, con gran indignación de la opinión pública, ya que el jurado no quiso entregar una dama al hacha del verdugo.
                Otro proceso importante de esta época fue el del Dr. Couty de la Pommerais. El suceso ocurre en París. El Dr. Couty, joven médico homeópata de 28 años, se casa en abril de 1861 con la hija de Mme. Dubizy. A los dos meses falleció la joven esposa. El suceso no despertó ninguna sospecha. Solo más adelante, cuando se acusa a la Pommerais de haber envenenado a una amiga, se recuerda a la suegra, que su hija también murió de vómitos; pero habían pasado dos años, y la autopsia no pudo dar pruebas concretas y los tribunales le absolvieron. La herencia de madame Dubizy no le proporcionó más que mil francos. Por lo que había que seguir buscando oro.
                Para casarse con madame Dubizy, previamente había tenido que romper con Julia Paw, viuda de un pintor, a quien conoció en 1858, al asistir a su marido moribundo. La muerte de su esposo dejó a la Sra. Paw sin recursos y con tres hijos. Ella nunca le pidió nada a la Pommerais y se resignó ante la ruptura que precedió al casamiento con madame Dubizy. Un día de junio de 1869, al cabo de tres años, se presenta la Pommerais ante Julia, que le recibe con los brazos abiertos, sin sospechar los criminales pensamientos que traía.
Los seguros de vida comenzaban a desarrollarse en Francia y la Pommerais pensaba utilizar las múltiples combinaciones que las compañías ofrecían a sus clientes. Se presentó a Julia como el enamorado decidido a sacar de la miseria a la mujer amada. Ella debía asegurar su vida en una cantidad importante, y él se encargaría de pagar el seguro los primeros meses. Transcurridos estos, la viuda fingiría caer enferma. La Pommerais, como médico, certificaría su gravedad. Entonces negociaría un arreglo, proponiendo a la compañía romper todo compromiso mediante una indemnización de 6.000 francos de renta vitalicia, que ambos amantes se repartirían por igual.
                A la viuda le pareció perfecto, pero a pesar de ello fue a consultar el plan con un conocido que era periodista muy entendido en asuntos financieros. Este le dijo que lo único que podía temer era que la persona que pagaba las primas desease su muerte. Pero esto lo descartaba y ni se le pasaba por la cabeza a la Sra. Paw.
 
Dr. Edmond Couty de la Pommerais

En julio de 1863, Julia de Paw se aseguró en seis compañías por una suma total de 550.000 francos. La Pommerais empezó a pagar las primas; pero puso como condición que la viuda le cediese el beneficio del seguro, para no perderlo todo si una casualidad hacía que muriese antes de realizar el negocio. Cuatro meses más tarde la viuda fingía una enfermedad a raíz de una caída. Un médico fue a visitarla, el Dr. Velpeau, y como no encontró en ella síntomas de enfermedad, calificó a Julia de enferma imaginaria. Por lo tanto, era necesario que existiesen síntomas graves para alarmar a las compañías de seguros. La Pommerais propuso entonces a Julia tomar una pócima que, sin ocasionarle daño, le produciría vómitos de aspecto sospechoso. La viuda que no desconfiaba del doctor, aceptó. En la noche del 16 al 17 de noviembre, la nueva víctima de la ambición de la Pommerais moría en medio de horribles sufrimientos, y antes de ocho días aquél reclamaba a las compañías de seguro. El propio Couty firma el certificado de defunción: muerte por cólera. Ante lo elevado del seguro la compañía entra en sospecha y denuncia el caso. El juez ordena la exhumación y se encarga el caso al Prof. Tardieu, catedrático de medicina legal de París. El profesor siguió el procedimiento de extracción de tóxicos orgánicos, pero pese a que el extracto era amargo, lo que indicaba que podría ser un alcaloide, las reacciones generales de estos eran negativas. Ensayaron entonces un método nuevo, que ya lo había puesto en práctica Claude Bernal, el método fisiológico, que consistía en reproducir los síntomas en animales de experimentación. El Prof. Tardieu inyectó el extracto a un perro y luego a una rana y comprobó que se reproducían los efectos de la digital. La señora Paw había sido envenenada con digital. El Dr. Couty fue ejecutado en la guillotina el 9 de junio de 1864.

                El juramento hipocrático, que recibe su nombre de Hipócrates de Cos (460-377 a.C.)  considerado el padre de la medicina, es el juramento público que realizan los médicos cuando se graduan ante otros médicos, doctores y ante la comunidad. A pesar de que en dicho juramento se incluye que «… jamás me dejaré inducir a administrar a nadie un veneno o un medicamento que conduzca a la muerte o al aborto…», el mismo no le importó al Dr. Couty de la Pommerais, ni a otros médicos que han pasado a la triste historia de los envenenadores, como el Dr. Palmer que en 1849 mató a su suegra y luego se descubrió que había asesinado a 14 personas más entre ellas a su esposa y a su propio hermano. El veneno empleado fue la estricnina.
 
Dr. Shipman

En el Reino Unido es celebre el caso del Dr. Harold Shipman, apodado el Dr. Muerte, uno de los mayores asesinos en serie de la historia. Este doctor fue formalmente acusado de asesinar a 15 mujeres, pacientes suyas, con sobredosis de morfina. Se tenían sospechas de que este doctor practicaba una medicina “muy particular”, debido a que la incidencia de muertes entre sus pacientes era muy elevada, 459 personas que estaban a su cuidado fallecieron. De hecho en marzo de 1998, la Dra. Linda Reynolds que trabajaba en una clínica frente a la de Shipman, se presentó ante las autoridades preocupada por los altos índices de mortalidad entre los pacientes del Dr. Shipman. La Dra. Reynolds les dijo que el Dr. Shipman estaba matando a sus pacientes, aunque no sabía si por negligencia o intencionadamente. Pero la policía no disponía de suficientes pruebas para arrestar a Shipman y levantar cargos contra él. No fue hasta que la hija de Kathleen Grundy, paciente del Dr. Shipman, tras el fallecimiento de su madre y la apertura del testamento se decide a poner el caso en manos de las autoridades. La señora Grundy dispuso en sus últimas voluntades dejar toda su fortuna al Dr. Shipman, desheredando a su hija. El cadáver de la señora Grundy fue exhumado y la autopsia reveló cantidades excesivas de morfina. Shipman fue arrestado el 7 de septiembre de 1998 y encontraron en su poder una máquina de escribir del tipo usado para falsificar el documento de la herencia. La investigación policial demostró que en al menos 15 casos más había causas que no admitían dudas de asesinato. El Dr. Shipman fue juzgado y condenado a 15 cadenas perpetuas por los crímenes perpetrados entre 1995 y 1998. Con posterioridad al juicio siguieron las investigaciones y estas concluyeron que, al menos, 250 personas fueron asesinadas por este médico. Shipman fue encontrado ahorcado en los barrotes de la celda de la prisión de Wakefiel, a las 6 de la mañana del 13 de Enero de 2004.

                Hoy en día hay técnicas, como la espectrofotometría de masas, que ayudan a la toxicología y con la que se pueden detectar casi todas las sustancias, aunque se encuentren en pequeñas cantidades. Lo que no quiere decir que se hayan dejado de utilizar los tóxicos clásicos o se utilicen nuevas sustancias.
                Como el caso ocurrido en 2006 cuando un exagente de la KGB, el teniente coronel Alexander Litvinenko era envenenado en Londres por el agente Andrei Logovoi. Litvinenko antes de morir reveló que el presidente Putin estaba detrás del asesinato. Este lo negó pero cuando los británicos pidieron la extradición de Logovoi los rusos no la concedieron. Litvinenko fue envenenado con un isótopo radioactivo, el Polonio 210.
                A lo largo de toda la historia el ser humano ha utilizado los tóxicos para obtener algún beneficio, y no solo terapeútico, sino como hemos visto en muchos casos por cuestiones económicas, políticas, de poder…
                Hemos repasado una pequeña muestra de los venenos y envenenadores que ha habido desde el inicio de los tiempos y hasta nuestros días. Hay otros muchos casos que se relatan en la bibliografía. Y otros tantos que no habrán sido detectados y que habrán terminado siendo certificados como muertes naturales, logrando su objetivo.
Bibliografía
- Corbella, J. Historia de la toxicología. Publicaciones de la Universidad de Barcelona. 1998.
- Durand Alegría, JS, Fernández Hernando, P y Garciñuno Martínez, RM. Toxicología analítica. UNED. Fac. Ciencias. Dpto.  Ciencias Analíticas. Postgrado en Ciencias Químicas. Módulo I. Química Analítica. Cuso 2008/2009.
- Pijoan, M. Antídotos tribales. O F F A R M. vol 27, núm 9, octubre 2008.
- Repetto Jiménez, M y Repetto Kuhn, G. Toxicología fundamental. 4ª ed. Madrid: Ediciones Díaz de Santos; 2009
- Un médico envenenador. Revista técnica de la Guardia Civil. núm 120. Febrero 1920.
- Villanueva Cañadas, E. Introducción a la toxicología. En: Gisbert Calabuig. Medicina legal y toxicología. 6ª edición. Ed. Masson, Barcelona; 2004.
- Villanueva Cañadas, E. Etiología general de las intoxicaciones. En: Gisbert Calabuig. Medicina legal y toxicología. 6ª edición. Ed. Masson, Barcelona; 2004.
- Villanueva Cañadas, E. Envenenadores y envenenados en la historia forense. 9º Curso de Actualidad Científica 2007-08, “El mundo del veneno”. Parque de las Ciencias – Universidad de Granada. Conferencia Inaugural, 25/04/2008.

Comunidad pm: VENENOS Y ENVENENADORES

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Listas de espera en la Sanidad pública: 3 meses de media para un diagnóstico – OCU

NOTA DE PRENSA

22 noviembre 2012

Listas de espera en la Sanidad pública: 3 meses de media para un diagnósticoEstudio sobre listas de espera en especialistas y pruebas diagnósticas de la Sanidad pública: denunciamos la falta de información sobre los criterios que se siguen y las grandes diferencias territoriales: Castilla La-Mancha, Canarias y Galicia son algunas de las comunidades que van a peor.

Madrid, 22 de noviembre de 2012. La OCU ha realizado su tercerestudio sobre listas de espera con el objetivo de conocer los plazos de acceso a la atención especializada (cardiología, cirugía general, dermatología, digestivo, ginecología, neurología, oftalmología, otorrinolaringología, traumatología y urología) y pruebas diagnósticas (ecografía, electromiograma, endoscopia, resonancia magnética y TAC).

Hemos obtenido datos de 16.000 citas médicas en centros de especialidades repartidos por 56 ciudades de las 17 comunidades autónomas.

Entre las conclusiones más importantes destaca que la situación ha mejorado respecto a los dos últimos estudios, aunque la tónica dominante sigue siendo la falta de información de los criterios de asignación de pacientes y la gran diferencia entre comunidades.

La información se incluye en la revista OCU-Salud de diciembre.

1ª CONSULTA: MEJORÍA GENERAL CON EXCEPCIONES

En la mayoría de comunidades los tiempos de espera para una primera consulta han mejorado (10 días menos que en 2008 y 18 menos que en 2004).

Sin embargo, Castilla-La Mancha, Extremadura y en menor medida Valencia, Navarra, Galicia y La Rioja han ido a peor (en Castilla La-Mancha se tarda un día más que en 2008 y un mes más que en 2004; en Extremadura se tarda 29 días más que en 2008 y 18 más que en 2004).

A pesar de que la situación ha mejorado, hay casos especiales como el de Canarias: el tiempo de espera para obtener una primera consulta sigue siendo muy elevado: 3 meses y medio.

2ª Y 3ª CITA: MÁS DEMORAS

  • La OCU cree que los esfuerzos se centran en la primera cita, cuyos datos son los únicos que se publican.
  • El tiempo de demora en la segunda y sucesivas visitas al especialista ha aumentado en casi todas las comunidades. Solo Extremadura, La Rioja y País Vasco han conseguido bajar sus esperas.
  • Las especialidades que tienen un mayor retraso son cardiología y neurología. La que menos, traumatología.
  • El tiempo medio de espera para una prueba diagnóstica es de 54 días.
  • De nuevo, hay grandes diferencias entre comunidades: Canarias, Castilla-La Mancha y Galicia ocupan las peores posiciones.

PLAZOS MÁXIMOS QUE NO SE CUMPLEN

A pesar de que algunas comunidades autónomas han establecido unos plazos máximos de garantía, estos no se cumplen.

Como ejemplo sirva el plazo de Castilla-La Mancha: 7 días para una prueba y 15 días para el especialista, cifras que quedan muy lejos de los 82 días para una prueba y los 54 para un especialista que la OCU ha registrado en su estudio.

En resumen, la OCU ha registrado que el plazo medio para conseguir un diagnóstico es de 82 días: casi 3 meses.

La OCU considera que esta espera es excesiva para una persona preocupada a la espera de un diagnóstico. Recomendamos a los pacientes reclamar por largas esperas que consideren que están afectando a su salud. Pueden hacerlo:

  • 1. En Atención al Paciente con el volante de citación, pidiendo que les busquen una cita antes del plazo máximo.
  • 2. Si no se soluciona, presentando una reclamación en el mismo organismo (Servicio de Atención al Paciente).
  • 3. La OCU ha diseñado una herramienta para que todos los usuarios puedan averiguar si el tiempo de espera hasta la cita con el especialista o prueba diagnóstica está en la media de su Comunidad Autónoma. También facilitamos un modelo de reclamación para presentar al Servicio de Atención al Paciente.

Fuente: Listas de espera en la Sanidad pública: 3 meses de media para un diagnóstico – OCU.

De Andres Marin. Socio OCU

Ocho mitos en primeros auxilios

Hay creencias populares en torno a los primeros auxilios que, además de no ser efectivas, pueden provocar males mayores

  • Por TERESA ROMANILLOS
  • 5 de octubre de 2012

– Imagen: Julia Freeman-Woolpert –

Existen una serie de creencias respecto a los primeros auxilios que muchas personas comparten. Algunas pueden resultar eficaces pero otras son contraproducentes. Por eso, los especialistas recuerdan que ante el desconocimiento o la duda, lo mejor es abstenerse. En este artículo se describen las prácticas usadas como primeros auxilios que no tienen una base científica y que, incluso, pueden empeorar el problema.

1. Primeros auxilios en quemaduras: ¿dentífrico, mantequilla y clara de huevo?

Ante una quemadura, una costumbre frecuente es aplicar dentífrico en la zona lesionada. Es posible que esta idea surja del efecto refrescante que aporta la pasta, pero se trata de una falsa mejoría perniciosa por sus consecuencias, ya que la pasta de dientes es abrasiva y agrava la lesión. Tampoco debe aplicarseaceite o mantequilla, ya que ensucia la herida y puede empeorar las cicatrices posteriores.

Otro mito es el de aplicar clara de huevo a la quemadura con la creencia de que acelera la cicatrización gracias al colágeno. En primer lugar, la clara de huevo no contiene colágeno sino proteínas (albúmina). Si se emplea sobre una quemadura, queda pegada a la piel y dificulta la limpieza del lecho de la herida. Por otra parte, con esta práctica lo que se hace es dar nutrientes a las bacterias que colonizan la piel y facilitar las infecciones.

Ante una quemadura, lo mejor es aplicar agua fría (no hielo) y cubrir la zona con un pañuelo limpio o mejor, un apósito estéril (gasa). Si la quemadura no es grave y la piel está solo enrojecida, bastará un antiinflamatorio tópico. Si hay heridas o ampollas, consultar a un servicio médico.

2. “Hemorragia nasal: echar la cabeza hacia atrás”

Ante una contusión, es muy práctico y económico aplicar frío con una bolsa de guisantes congelados

Echar la cabeza hacia atrás ante una hemorragia nasal no detiene el sangrado. Lo que ocurre es que la sangre, en lugar de salir por el orificio nasal, se dirige a la parte posterior de la nariz y va hacia la garganta y la boca. De hecho, hay que hacer lo contrario.Para detener la hemorragia, hay que inclinar la cabeza hacia delante presionando la zona lateral del lado de la nariz que sangra, justo en la zona en que termina el hueso y empieza la zona carnosa. La presión debe ser firme y continua durante diez minutos. Si se aplica un poco de frío en la zona, que tiene un efecto vasoconstrictor, también puede resultar útil.

3. “Golpear la espalda ante un atragantamiento”

Es una práctica casi instintiva. No obstante, esta acción tan bien intencionada puede ser desacertada ya que puede favorecer la impactación del cuerpo extraño y empeorar la obstrucción de las vías aéreas. Ante esta contingencia debe practicarse la denominada maniobra de Heimlich, que consiste en colocarse detrás del afectado y rodearlo con los brazos para hacer una compresión por debajo de la boca del estómago. De esta manera, se impulsa de forma brusca el aire hacia arriba, de modo que facilita la expulsión del cuerpo extraño.

4. “Provocar el vómito ante una intoxicación”

A pesar de que es cierto que el vómito puede facilitar la eliminación del tóxico, no siempre es recomendable. Si la sustancia que se ha ingerido es corrosiva (lejía, amoniaco, etc.), devolver es contraproducente ya que lesionará la parte alta del tubo digestivo. También hay que ser muy prudentes al provocar el vómito en una persona semiinconsciente, porque pueden producirse aspiraciones del contenido gástrico hacia las vías respiratorias.

5. “Sujetar a las víctimas de convulsiones”

En un ataque o crisis convulsiva se producen movimientos no controlados de las extremidades que pueden ser relativamente violentos. Si se sujeta con fuerza al afectado para evitarlos, se corre el riesgo de provocar lesiones a quien sufre las convulsiones. Además, la inmovilización no acorta el ataque ni reduce los efectos. De la misma manera, está contraindicado intentar introducir un objeto en la boca para evitar que se muerda la lengua y administrar medicamentos orales, aunque sean antiepilépticos.

Ante una crisis convulsiva, hay que sujetar con suavidad al individuo para evitar que se lesione y amortiguar la cabeza y voltearlo de costado para impedir que, en caso de vómito, se produzca una aspiración hacia los pulmones. Al intentar introducir un objeto en la boca para imposibilitar que se muerda, además de lesionar al afectado, se corre el riesgo de sufrir una mordedura involuntaria.

6. “Succionar el veneno en caso de mordedura de serpiente”

¡Quién no lo ha visto en una película! La idea de que hay que succionar el veneno de una mordedura de serpiente está muy arraigada. Pero lo cierto es que lo idóneo es no manipular demasiado la zona para no provocar lesiones más importantes. En la mordedura, además del veneno, suelen inocularse sustancias que lesionan los tejidos circundantes que facilitan la propagación del tóxico.

Por este motivo, no hay que efectuar cortes y, en caso de succionar el veneno (medida muy controvertida según distintos especialistas), debe hacerse con mucho cuidado ya que puede ser peligrosa para la persona que la efectúa porque, si tiene alguna lesión en la cavidad bucal, podría absorber la toxina.Tampoco deben practicarse torniquetes para evitar que el veneno se distribuya por el organismo, ya que esto puede comprometer el riego sanguíneo de la herida y empeorarla.

En estos casos, lo adecuado es presionar de forma suave la herida para hacer brotar la sangre, inmovilizar el miembro afectado y procurar que se mantenga quieto y tranquilo, ya que el ejercicio y la ansiedad aumentan el riego sanguíneo y hace que el veneno se difunda con mayor rapidez.

7. “Poner un filete sobre una contusión”

Otro remedio “de película” es colocar un filete sobre un ojo morado u otro tipo de contusión. En este caso,el efecto beneficioso se produce solo por el frío, sin que intervengan para nada los componentes de la carne. El filete ayudaría a aplicar mejor el frío, ya que se adapta mejor a la zona afectada. Pero puestos a utilizar remedios caseros, es más higiénico y económico colocar una bolsa de guisantes congelados.

8. “Orinar sobre la picadura de medusa”

No está demostrado que funcione. En caso de picadura, de entrada, el agua salada puede ser un buen remedio para lavar la zona y calmar un poco el escozor. Es importante no aplicar agua dulce, ya que rompe las células urticariantes, lo que puede provocar una mayor liberación de toxina. El frío local (un pañuelo con unos cubitos de hielo) también atenúa las molestias, aunque no es conveniente darlo de forma directa. Una solución de vinagre al 50% o amoniaco puede ser efectiva para desactivar la acción de la toxina.

Fuente: Ocho mitos en primeros auxilios | EROSKI CONSUMER.

Dietas: el cuento de nunca acabar

La batalla contra los kilos puede ser un infierno, una condena de por vida, aunque sólo si nos empeñamos en creer en milagros. Perder peso no es tarea fácil, pero tenemos las de ganar siempre que la dieta sea el inicio de una nueva vida

ES | 31/08/2012 – 08:34h

Dietas: el cuento de nunca acabar

Las dietas milagro muy pocas veces son eficaces

CARMEN GRASA

Atisbamos el verano en el horizonte. O empieza septiembre y en la tripa aún dan vueltas los pinchos, las cervezas, los helados, los aperitivos. O hemos convertido las Navidades en una comilona sinfín. O hemos dejado de fumar. O estamos estresados. Las circunstancias son variadas, pero el resultado, el mismo. Nos hemos puesto encima dos, tres, cinco, hasta diez kilos en un año. Y vamos por la vida cargando con ellos, como si cada día al salir de casa nos pusiéramos en la espalda una mochila que pesa exactamente esa cantidad; más lo que nos abruma el tener que acarrear con ella. Porque al sobrepeso que nos marca esa báscula cruel (las hay hasta con voz), se unen el abatimiento al comprobar que la ropa ya no nos sienta bien o el miedo cuando la tensión arterial ha subido peligrosamente o los triglicéridos se han desmadrado dentro de nuestro cuerpo. Entonces tomamos la decisión: nos ponemos a dieta, a plan, a régimen. Y estamos dispuestos a cualquier cosa, a tenor de algunos estudios que indican que 8 de cada 10 personas que quieren perder peso acuden a las dietas milagro, métodos que prometen resultados rápidos y que muy pocas veces son eficaces, como no se cansan de subrayar los expertos. “La pérdida de peso se debe realizar de una forma equilibrada, reduciendo el número total de calorías, pero sin renunciar a ningún nutriente. No sirve de nada portarnos bien durante unos días o semanas si luego retomamos los hábitos que previamente nos llevaron a engordar. Perder peso requiere cierto grado de sacrificio y constancia. Por este motivo cualquier dieta que nos prometa rapidez, una pérdida de peso sin esfuerzo y duración, va a ser seguida por muchas personas. Y en función de lo desequilibrada, rocambolesca o estricta que sea, los perjuicios para la salud van a ser proporcionalmente mayores”, destaca Albert Lecube, médico endocrino y coordinador del grupo de trabajo de obesidad de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

Sobrepeso preocupante Adelgazar siempre es una tarea urgente que, como los malos estudiantes, acometemos al final, cuando el sentimiento de culpa por los excesos gastronómicos nos aturde. Y hasta nos apuntamos al gimnasio, donde las matriculaciones aumentan en un 30% tras el verano o las Navidades. Clicamos “dieta” en Google y nos aparecen 134 millones de entradas. Buscamos la pócima milagrosa, pero también encontramos un aviso de la OMS (Organización Mundial de la Salud): la obesidad y el sobrepeso se han convertido en los países desarrollados en una pandemia no infecciosa. El 50% de la población de la OCDE padece sobrepeso. Y en España, el 63% de los hombres y el 45% de las mujeres están por encima del peso recomendado. Todo ello sin olvidar a los niños, que han disparado todas las alarmas: el 33% de ellos pesa más de lo que debería y la obesidad infanto-juvenil se ha duplicado en los últimos 15 años. Alertados por las cifras, muchos países han puesto el foco de atención en la comidabasura, siguiendo el consejo de un grupo de expertos de la Universidad de Oxford que recomienda un impuesto especial para ella del 20%. Dinamarca ha gravado la grasa; Hungría, el fast food; Francia, las bebidas azucaradas; el alcalde de Nueva York quiere prohibir la venta de refrescos de más de medio litro; en las cadenas televisivas de Disney ya no se anunciará la comida basura (paradójicamente, en sus parques temáticos se seguirá vendiendo). Son medidas que, por preocupación sincera o por puro marketing, quieren poner freno a los desmanes calóricos. “Sin olvidar que siempre es mucho mejor enseñar que prohibir, es probable que en los próximos años se deba optar por medidas de este tipo, tal como se ha realizado con el tabaco. Debe tenerse bien claro que la obesidad es la segunda causa prevenible de mortalidad después del tabaco”, describe Albert Lecube. Los expertos también advierten, sin embargo, que hay que facilitar el acceso a la comida sana, quizá subvencionarla, promover el ejercicio desde la escuela, educar en los hábitos alimentarios, obligar a que las raciones de comida que se venden sean más pequeñas, ofrecer productos sanos en las máquinas expendedoras de tentempiés…, porque “no hay duda de que siempre puede hacerse más y, de momento, la lucha contra el incremento de la obesidad la estamos perdiendo todos”, en opinión del endocrino.

Sentenciados por mal educados Los kilos de más no son sólo un problema estético. Nuestra salud está en juego. También cuando decidimos perderlos. Aunque se ha demostrado que podemos engordar debido a condicionantes genéticos (en el 35% o 40% de las ocasiones se debe a ello), la mayoría de nosotros ganamos peso porque comemos demasiado: ingerimos un exceso de energía que no utilizamos y acaba por acumularse en nuestro cuerpo en forma de grasa. En estos casos influyen en nosotros factores que podemos modificar. Tener sobrepeso es sinónimo de hacer poco ejercicio, de comer demasiado o mal (o ambas cosas a la vez), de picotear, de vivir en un entorno en el que la presencia de la comida basura empequeñece a la sana, de desarrollar una actividad laboral que favorece las comidas fuera de casa, de lanzarnos sobre raciones tradicionalmente grandes. Y cuando decidimos que ha llegado el día D, la hora H, y ponemos en marcha la operación biquini, sea cual sea el momento, no podemos arriesgarnos a que la vitalidad se nos escape a golpe de lechuga, agua y poco más, porque “una persona tiene que adelgazar manteniéndose bien nutrida, por lo tanto necesita hidratos, un poco de grasa… Debe eliminar de su dieta todo aquello que es superfluo, que no le aporta nada. Y, sobre todo, hacer ejercicio. No puede desligarse el comer del ejercicio, porque por poco que comas, si no te mueves no gastas la energía, la acumulas”, advierte Cleofé Pérez-Portabella, dietista nutricionista, supervisora de la unidad de nutrición del hospital Vall d’Hebron de Barcelona y profesora de la Universitat de Vic.

Hacer dieta se convierte en la mayoría de los casos en una condena a cadena perpetua. Estamos sentenciados a engordar, adelgazar, engordar, adelgazar. Nosotros y nuestros kilos de más vivimos como en un bucle, incapaces de mantener el tipo. ¿La causa? En opinión de los expertos, no llegamos al quid de la cuestión: la educación. Las urgencias nos vencen, nos cuesta abandonar los malos hábitos. “Perder peso es muy difícil. Si una persona hace dieta y cuando llega a su peso va a volver a comer sin cambiar sus hábitos no le servirá de nada. Es necesario que haga una dieta tradicional, saludable, equilibrada, que le permita cambiar sus hábitos. Y eso es un esfuerzo enorme, de adaptación de tu vida cotidiana a la manera de comer y al ejercicio que realices”, expone la dietista del hospital Vall d’Hebron de Barcelona.
El método perfecto ¿Qué hacer para que la dieta no se convierta en una tortura sinfín? Encontrar la ideal. Y no es imposible. El régimen perfecto nos tiene que ayudar a perder peso, a mantener ese peso en el tiempo, debe ser eficaz a la hora de educarnos y darnos estrategias para comer sano y bien, mejorar nuestra salud, aumentar la autoestima y proporcionarnos una buena calidad de vida. De otro modo, por mucho que nos empeñemos, nunca lo lograremos, viviremos nuestra cadena perpetua particular saltando de método en método, poniendo en peligro nuestra salud física y psíquica. Los especialistas aconsejan dejarse guiar por manos expertas, porque “cada persona tiene sus circunstancias. Un buen profesional enseña a comer. Hay que conocer al paciente, saber su historia clínica y su historia social. Es importante saber cómo y cuándo come, cuáles son sus hábitos. Y eso pasa también por evaluar sus costumbres, sus horarios, sus recorridos. Hay hábitos que se pueden modificar, pero el objetivo central es que la persona sea capaz de tener estrategias suficientes para vivir agradablemente, disfrutar de la vida y no ganar peso. Esto es lo perfecto. ¿Difícil? Muy difícil”, afirma Pérez-Portabella. Sin embargo, a pesar de las dificultades y de que nos puede llevar un tiempo prolongado, una dieta tradicional es la más eficaz, en opinión de los expertos. Apostar por una, o muchas sucesivas, que sean inadecuadas entraña riesgos: desde volver a coger los kilos perdidos y algunos más, hasta desnutrición, problemas cardiovasculares, de trastornos en la alimentación, frustración, y cambios en el metabolismo que conducen a ser resistentes a la pérdida de peso.

Menos calorías y más ejercicio Buenas dietas hay muchas. Malas, también. La mejor está consensuada por los especialistas: la tradicional hipocalórica equilibrada. Es decir, comer de todo pero menos. Con ella ingerimos entre 1.000 y 1.500 calorías la mujeres y hasta 2.000 los hombres. Perderemos entre medio kilo y un kilo a la semana. ¡Entre 12 y 24 kilos a los seis meses! En medio año, adiós al sobrepeso y a los problemas. Y medio año pasa volando. Además, nos habremos acostumbrado a comer bien y de todo, a disminuir nuestras raciones y a no tener que privarnos de algún capricho de vez en cuando. En esta dieta no debe faltar de nada: ni hidratos de carbono, ni proteínas, ni grasa, ni fibra, ni ácidos grasos esenciales. “La dieta ideal es aquella en la que se come de todo y poco, en la que no se abusa ni de grasas, ni de alcohol, ni de azúcares. No soy partidaria de las negativas tajantes sobre alimentos prohibidos, porque las estrategias que se pueden seguir son tan variadas como los pacientes. Lo ideal es una dieta variada, lo más equilibrada posible, en pocas cantidades, que la persona no exceda sus necesidades y que realice, también, un gasto energético”, insiste Pérez-Portabella.

Y es que el ejercicio es fundamental para que la dieta funcione. Si gastamos energía metabolizamos óptimamente lo que comemos y eso significa que quemamos más y mejor. Una hora de ejercicio al día, como mínimo, resulta muy eficaz, porque a partir de la media hora de esfuerzo físico es cuando empezamos a quemar la energía que nos sobra. Sin embargo, si hacer dieta nos cuesta un esfuerzo, el ejercicio no acaba de encontrar su sitio en nuestro día a día. El Eurobarómetro de 2010 ponía de relieve que el 42% de los españoles no practica deporte nunca y que un 39% lo realiza sólo una vez a la semana. Aducimos que nos falta tiempo. Según la Asociación Española de Pediatría, entre los adolescentes es peor: menos de un 10% de ellos hace deporte habitualmente. Los jóvenes españoles entre 13 y 18 años son de los más sedentarios de Europa.

Esperando un milagro Batidos, galletas, barritas, proteínas casi en vena… de todo hay en la viña de las dietas. Y no es que todo sea perjudicial. De hecho, en muchos hospitales se utilizan los sustitutivos de las comidas o las dietas hiperproteicas para iniciar los tratamientos, porque perder peso es complicado y ayudan a coger impulso. Sin embargo, y aunque pueden ser un buen punto de partida, “no se deben usar sin que nadie te controle. Nosotros mismos utilizamos estos batidos y sustitutivos en momentos determinados, con sentido común y haciendo un seguimiento del paciente. Incluso la dieta hiperproteica se puede hacer, pero nunca, nunca, solo, sin un profesional que te controle”, confirma Pérez-Portabella. Además, son dietas que no se pueden seguir mucho tiempo. “El peligro de las dietas milagro aumenta con el tiempo durante el que se realizan, y aumenta también en personas que tienen alguna otra enfermedad previa. No hay que olvidar que el sobrepeso y la obesidad se asocian con una mayor prevalencia de diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares… Las dietas milagro sólo ofrecen promesas que no suelen cumplirse y a un precio que puede ser elevado no sólo para el bolsillo, sino también para la salud”, avisa Albert Lecube.

Una dieta vegetariana bien hecha, alejada de las modas y a ser posible que combine verduras y pescado, es perfecta para combatir el sobrepeso y algunas patologías. La mediterránea es excelente si comemos de todo y poco. La hipocalórica extrema, que nos aporta entre 450 y 800 calorías al día, es casi un suicidio, alertan los especialistas. Y los métodos más tecnológicos, como balones gástricos o sondas para alimentarnos durante unos días, siembran dudas o provocan el rechazo de un buen número de médicos. “El balón intragástrico es una técnica contrastada que consigue que las personas que lo llevan pierdan peso, pero un gran número de pacientes lo recupera en su totalidad en los seis meses siguientes a no ser que haya modificado sus hábitos de vida”, explica Lecube. Y añade: “La dieta enteral, o de la mochila (te alimentas durante una semana con líquidos a través de una sonda que se coloca por la nariz y llega hasta el estómago o el inicio del intestino) es una técnica sin ninguna evidencia científica, de la que se desconocen las complicaciones y que se debe considerar una aberración”. En el universo de las miles de dietas que van de boca en boca, de web en web, de chat en chat, los expertos recomiendan alejarse de todo aquello que no esté controlado ni por especialistas en nutrición ni por los organismos médico-científicos. “Están prohibidas las cosas que no están registradas, que no sabemos qué son. Dietas hay muchas; milagros, ninguno”, apostilla como conclusión Pérez-Portabella. Y si seguimos apostando por ellos, la dieta sí se convierte en una condena a cadena perpetua.

Calcule su índice de masa corporal

El índice Quetelet o índice de masa corporal (IMC) nos permite calcular el grado de sobrepeso. Basta con dividir nuestro peso en kilogramos entre nuestra altura en metros al cuadrado. Si pesamos 62 kilos y medimos 1,70 tendríamos que dividir 62 entre (1,70)2. El resultado sería 21,4. Los expertos han consensuado que un IMC por debajo de 18,5 indica un peso bajo. Entre 18,5 y 24,9 supone un peso normal. De 25,0 a 29,9 tenemos sobrepeso. Y por encima de 30 padecemos obesidad. Superar el 40 es un reflejo de obesidad mórbida.

Fuente: Dietas: el cuento de nunca acabar.

6 maneras de mejorar tu capacidad para resolver problemas

Publicado el 4 septiembre 2012 por 

resolver problemas

¿Alguna vez has pensado en ti mismo como un solucionador de problemas? Supongo que no. Pero en realidad estamos constantemente resolviendo problemas. Y cuando mejor seamos en eso más fácil será nuestra vida.

Los problemas se presentan de muchas maneras y formas. Pueden ser problemas mundanos de la vida diaria:

• ¿Qué voy a hacer de cenar esta noche?
• ¿Qué ruta tomo para ir al trabajo?

O pueden ser problemas más complejos;

• ¿Cómo arreglo un proyecto que está atrasado?
• ¿Cómo cambio de un trabajo aburrido a algo que realmente me apasione?

Cada día tendrás que enfrentarte con al menos un problema a resolver. Pero esto se volverá cada vez más fácil cuando te des cuenta de que los problemas son simplemente opciones. No tienes que tener nada de “aprensión” sobre ellos aparte de tener simplemente que tomar una decisión.

No importa cuál sea tu trabajo, ni en dónde vivas, ni quién sea tu socio, ni cuántos amigos tengas, tú serás juzgado por tu capacidad para resolver problemas. Esto es motivado a que los problemas molestan a todas las personas por igual. Y a la gente no les gusta ser molestadas. Así que cuantos más problemas puedas resolver menos molestia habla alrededor y las personas estarán más felices contigo. Todo el mundo gana.

Entonces ¿Qué puedes hacer para mejorar tu capacidad de resolver problemas?

1. Concéntrate en la solución y no en el problema

Los neurocientíficos han demostrado que el cerebro no puede encontrar soluciones si esta concentrado en el problema. Esto es porque cuando te centras en el problema estás efectivamente alimentando “negatividad” que a su vez activa las emociones negativas en el cerebro. Estas emociones bloquean todas las posibles soluciones. No estoy diciendo en ningún momento que debes “pasar por alto el problema” en su lugar trata de mantener la calma. Esto ayudara a que entiendas primero el problema y luego a mover tu foco a una mentalidad orientada a las soluciones donde encontraras las “respuestas” de lo que buscas en lugar de quedarte pensando en “lo que salió mal” y en “de quién es la culpa”.

2. Ten una mente abierta

Trata de considerar “todas las posibles soluciones” aunque parezcan ridículas al principio. Es importante que mantengas una mente abierta para así impulsar elpensamiento creativo con el cual podrás desencadenar posibles soluciones. Cualquier persona que venga de la industria de la publicidad corporativa te dirá que “Ninguna idea es una mala idea” y ese pensamiento creativo realmente te ayudara a tener una lluvia de ideas (Brainstorms en inglés) y en otras técnicas de resolución de problemas. Hagas lo que hagas – no te ridiculices a ti mismo – por dar con “soluciones estúpidas”, ya que a menudo las ideas locas desencadenan otras soluciones más viables.

3. Ve los problemas de forma neutral

No tengas “miedo” a los problemas. Si lo piensas bien ¿Qué es un problema? Eso es sólo un asunto determinado sobre tu situación actual. Todo lo que el problema te está diciendo es que algo no está funcionando y que es necesario que encuentres una forma de arreglarlo. Así que trata de abordar los problemas de forma neutral – sin ningún juicio. Si te quedas atrapado en la etiqueta “problema” esto puede desencadenar una serie de pensamientos negativos y un bloqueo de las posibles soluciones que puedas conseguir.

4. Piensa de forma horizontal

Cambia la “dirección” de tus pensamientos pensando lateralmente (es.wikipedia.org/wiki/Pensamiento_lateral). Presta atención al siguiente acertijo: “Una persona yace muerta en un campo, a su lado hay un paquete sin abrir y no hay nadie más en el campo. Conforme se acercaba la persona al lugar donde se le encontró muerta, sabía que irremediablemente moriría. ¿Cómo murió?” Trata de conseguir la respuesta cambiando tu enfoque y mirando las cosas de una nueva manera. Trata de moverte alrededor de tu objetivo y busca una solución desde el polo opuesto. Incluso aunque te sientas tonto, un enfoque fresco y único suele estimular una solución nueva.

5. Usa el lenguaje para crear la posibilidad

Lleva a tu pensamiento frases como “y si…” o “imagina si…” Estos términos abren nuestros cerebros para pensar de forma creativa y fomentar soluciones. Evita el lenguaje cerrado y negativo tal como “yo no creo que…” o “Esto no está bien pero…”.

6. Simplifica las cosas

Como seres humanos tenemos una tendencia a hacer las cosas más complicadas de lo que necesitan ser. Trata de simplificar el problema generalizando la misma. Retira todos los detalles y vuelve a lo básico. Trata de buscar un proceso más sencillo, la solución obvia – ¡tú puedes sorprenderte por los resultados! Y todos sabemos que a menudo las cosas simples son las más productivas.

Fuente: 6 maneras de mejorar tu capacidad para resolver problemas.

Jarras purificadoras – OCU

Esta agua es mejor que esta otra. Una ha salido directamente del grifo. La otra ha pasado por una jarra filtradora. ¿En tu opinión cuál es mejor? Si apuestas por la de la jarra te confundes.
Hemos analizado nueve jarras purificadoras y la mayoría deja el agua como estaba. Algunas incluso la empeoran, pues liberan un compuesto potencialmente peligroso que se produce cuando se esteriliza el filtro en la fábrica, y te recomendamos que no las compres.
Si a pesar de todo quieres comprarte una, escoge la que mejores resultados ha obtenido en nuestros análisis y úsala con cuidado.
Coloca bien el cartucho después de remojarlo y removerlo unos minutos.
Desecha el agua de los primeros filtrados.
Cambia el cartucho una vez al mes.
Y guarda la jarra en la nevera.
Recuerda que el filtro retira el cloro dejando el agua más expuesta a la contaminación microbiana.

Ver vídeo: Jarras purificadoras – OCU